jueves, 3 de diciembre de 2009

No hay 5to Malo

5




Sí, mi cara no podía ser otra, la luz que había en ella se percibía a muchos metros de distancia, mis queridas amigas sonrieron cuando me vieron al otro día pues mi felicidad era imposible de ocultar y además nunca he sido buena para fingir. Maria me estrechó tan fuerte que sentí la falta de aire, Ana me regalo la sincera alegría que su rostro esbozaba.

No entramos a las dos primeras clases, no quisieron esperar a la hora libre que teníamos y quisieron saber cuanto antes todos los detalles de mi encuentro del día anterior. La cafetería estaba a reventar y no quedo de otra que ir al sanborns más cercano.

Todos los detalles los relaté y no las dejé con duda alguna, a cada palabra que decía mi mente recreaba todo y sentía como si lo viviera en ese mismo instante, mi cuerpo vibraba y Ana y Maria sonreían junto conmigo.

Para cuando regresamos a la Universidad solo faltaba una clase que igual no tomamos, esperamos a que terminara y entramos por nuestras cosas, todas nos despedimos en el estacionamiento y cada quien tomó su camino, yo me dirigí a la entrada para tomar un taxi, y ahí recargado junto a su coche me esperaba Leonardo.


-Contigo las sorpresas no terminan. –le dije y después lo besé.

Me estrechó fuertemente mientras yo me embriagaba con el aroma de su fragancia, me miró a los ojos y nuevamente me besó, agradecí a Dios, a la vida y al destino por eso que vivía.

Subimos a su coche y fuimos a comer a un restaurante italiano de la zona rosa, y las horas eran segundos, podía estar frente a él y nada más importaba, solo nosotros. Al terminar me llevó a un parque en donde caminamos y nos sentamos a mirar el ocaso.

Llegamos a las diez de la noche a mi casa, no podía contener más mi felicidad así que invité a Leonardo a pasar, mis padres cenaban y al vernos entrar nos invitaron a sentarnos con ellos, la mirada de mi madre me dio la confianza de presentárselos como mi novio, ambos quedaron sin habla por unos segundos y fue mi padre quien rompió el silencio con un bueno pues bienvenido, Leonardo se sintió en confianza y estrechó su mano, después saludó con un beso en la mejilla a mi madre.


Se ganó a mis padres de inmediato con su platica y a cada uno por separado, mi mamá quedó fascinada con todas las historias que le contó acerca de su ciudad natal y la comida que preparaban su madre y su abuela, mi papá en cambio quedó prendado sobre la charla de autos que tuvieron. Fueron dos horas las que estuvo en mi casa y todo salió de maravilla, todo era un sueño.

Las once marcó el antiguo reloj de pared, herencia de mis abuelos paternos, y Leonardo se puso de pie despidiéndose como siempre galante y gallardo. Se acecó hasta mi madre y delicadamente tomó su mano y la beso como un caballero de inicios del siglo pasado coronando el acto con una reverencia, estrecho la mano de mi padre con firmeza y lo que bien comenzo terminó mejor. Lo acompañé hasta la entrada, la noche era perfecta, templada y estrellada, como si el universo conspirara para eternizar aquel momento.

-Leonardo gracias, ha sido una noche mágica. -le dije sin mirarlo.
-En todo caso gracias al destino y a ti por cruzarte en mi camino.

Fue lo último que le escuche decir, me perdí en ese beso largo y profundo que medio, sabia a verdad a esperanza e ilusión, sus brazos me envolvían y yo me entregaba a aquel instante lleno de dulzura que no quería que terminara. Delicadamente me soltó y lo vi alejarse hasta su coche y sumergirse en la noche, me sentí como aquellas doncellas que veían partir a su caballero andante y esperar con fervor su regreso.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

De Vuelta

Bueno después de un mes he vuelto y la única excusa a tan prolongada ausencia es que sinceramente no me apetecia hacer nada y no por falta de interés fue simplemente que me dedique a otras cuestiones que había dejado pendientes pero bueno estamos de vuelta y quiero hacer algo diferente esta vez y dar paso a la poesía así que pondré algo de lo que he escrito en este ramo.


La Herencia




Mis mas bellos recuerdos guárdalos para ti

Todas mis tristezas quémalas

Y esparce sus cenizas al mar cuando llegué el ocaso



Los dolores del alma ponlos en un frasco,

Espera a estar desconsolada

Y arrójalos al vacío de una noche sin luna



Los últimos latidos de mi corazón úsalos

Y dale cuerda a ese viejo reloj que tienes,

Vuelve en el tiempo y encuentra tu amor perdido.



Por último compra un flor,

Una que iguale tu belleza

Riégala de noche y de día

Riégala con lo último de mis lagrimas.

miércoles, 7 de octubre de 2009

El siguiente

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El tercer semestre comenzó con cambios en la universidad, algunos maestros ya no estaban, el rector era otro así como las bajas de compañeros de la carrera. Mis amigas habían encontrado trabajo y sus relaciones cada vez eran más sólidas, en especial la de Ana quien ya salía de viaje con el novio y la familia de este, Maria por su parte afirmaba que comenzaba a pensar seriamente en algo formal con su pareja de aquel momento.

Por mi parte tenía dos semanas de salir con Leonardo, un empleado de la embajada italiana y que conocí gracias al profesor Francesco quien lo llevó a una de las exposiciones que organicé en el museo.

He de admitir que Leonardo me atrajo desde el primer momento, su porte de actor de los años cincuentas acompañado de su personalidad sencilla pero que te envolvía cuando lo escuchabas platicar sobre la gran cantidad de culturas con las que había tenido contacto en los muchos viajes que había realizado a sus 28 años terminaron por cautivarme, quizás Francesco sabía que eso me gustaría y por eso me lo presentó, se lo agradecí con una botella de coñac que mi padre había traído de Francia y de la que nunca se había tomado copa.

Nuestra primera cita fue al festival de cine italiano que organizaba la embajada, muchas de las películas que exhibían ya las había visto pero gustosa las volví a ver pues no podía negarme a excelentes filmes como La vida es bella, Sostiene Pereyra, Nunca te vayas sin decir te quiero o El cartero. Leonardo fue todo un caballero, me presentó con sus amigos, jefes e incluso con el embajador, me prestaba atención todo el tiempo y se desvivía porque yo lo pasara bien.

Mis amigas tuvieron opiniones diferentes cuando se enteraron, Maria por su parte me felicitaba a cada minuto, me pedía detalles de todo y quería escuchar una y otra vez la descripción de Leonardo y yo se lo detallaba muy parecido a Ewan Mcgregor pues en verdad se parecía mucho.

Ana en cambio me pedía mesura, no quería que me entusiasmara mucho pues apenas había sido la primera cita y debía llevar las cosas con calma.


-No digo que esté mal, te quiero mucho amiga y no me gustaría que pasaras un mal rato. –me estrechó fuerte y me regaló una sonrisa.


-Venga yo creo que está bien que se ilusioné, después de todo ya ha pasado bastante tiempo sin novio como para que la desanimemos. –dijo Maria con un tono fresco.

Yo valoraba ambos juicios pues los dos expresaban buenos deseos, eran sinceros y no buscaban otra cosa que mi bienestar como siempre lo hicieron mis amigas, mis hermanas.

Las siguientes citas ocurrieron bajo una atmósfera desbordada de romance y que sólo alguien lleno de sensibilidad, pero sobre todo de sorpresas, como él podían regalar, todas fueron de mi agrado pero hubo una que me gusto más que las otras pues me cumplió un sueño y que yo jamás pensé que habría de vivir.

Fue una cena, Leonardo me había llamado a mi celular para pedirme un favor al cual accedí sin dudar, me dijo que se encontraba en una comida con unos empresarios italianos y que necesitaba recoger unos documentos muy importantes, prometí ir por ellos una vez que saliera de la universidad y terminara unos pendientes que tenía en el museo, me dio la dirección y nos despedimos. El domicilio correspondía a una casona muy vieja ubicada en el centro de Coyoacan y que estaba en perfectas condiciones.

Al llegar y tocar a la puerta me sentí atrapada por una extraña sensación, imaginaba que estaba en tiempos de la colonia y que aquella casa pertenecía a algún noble que ofrecía un banquete al cual yo había sido invitada, el anciano que fungía como vigilante me sacó de mis pensamientos preguntándome que deseaba, le dije que iba de parte de Leonardo Scorza e inmediatamente me invitó a pasar. Caminamos a través de un pasillo de cantera roja, las paredes eran de roca sólida y el techo abovedado sostenía un par de candelabros españoles que mostraban el paso del tiempo, me dijo que pasara al otro extremo de la propiedad y que en el edificio de enfrente me darían lo que buscaba, cruce la enorme estancia y salí a un andador lleno de grandes macetas que conducía a un jardín, el cielo estaba lleno de estrellas y el lugar sumergido en tinieblas, voltee para buscar al señor y decirle que no veía nada pero ya no estaba. Guiándome a través de la pared caminé unos cuantos pasos, la rugosidad del piso y mis tacones no me ayudaban mucho, traté de agudizar mi vista pero era inútil, a lo lejos me pareció que una luz se escapaba de una ventana, pensé que quizás era ahí a donde tenía que dirigirme así que me encamine en esa dirección y baje el par de escalones que dividían al corredor del vasto jardín.

Avanzaba con dificultad debido al pasto y a que mis tacones se enterraban en el, sopló un viento frío que me erizo el cuerpo, la situación me incomodaba y pensé que lo mejor sería ir en busca del señor para pedirle que encendiera las luces, me di la vuelta y justo cuando emprendía el regreso todo se iluminó, desconcertada giré en dirección opuesta y me encontré de frente con Leonardo que sonreía, a su lado una mesa con velas y una botella de vino. He de haber tenido una cara de risa porque Leonardo se acercó a mi riendo mientras yo no salía de mi asombro, gentilmente me condujo hasta la mesa y invitó a sentarme, levantó la mano y de una de las habitaciones del fondo salieron tres hombre que tocaban un par de violines y un violonchelo.

Yo no terminaba de salir de mi asombro, todo aquello parecía sacado de algún libro o alguna película, sentí ganas de llorar porque ese era una de mis fantasías, poder tener una cena romántica en algún sitio lleno de historia, nadie sabía de ella, yo la había guardado para mí y un chico al que tenia solo tres semanas de conocer me la cumplía, eso realmente me impactó y termine por sucumbir ante los encantos de Leonardo Scorza.

La cena fue deliciosa, degustamos una rica pasta, un delicioso salmón mediterráneo, todo acompaño de un exquisito vino francés. La atmósfera embriagaba mis sentidos mas que el tinto, las estrellas ardían en lo alto como queriendo estallar, el ambiente era cálido, era la noche perfecta y yo me perdía en la mirada de mi pretendiente que me observaba como si fuera lo único existente en la tierra, agradecí la atención con una sonrisa y puse mi mano sobre la suya. Si, estaba enamorada por completo, Leonardo se acercó a mí y me besó tiernamente, la música sonaba melódica pero eso no importaba pues el amor se desbocaba en mi sangre como no sucedía en mucho tiempo.

No recuerdo cuantas horas pasaron pero para mí fueron segundos. No hubo muchas palabras, quizás algunos te quiero, pero no había necesidad de decir algo porque nuestras miradas y gestos lo decían todo incluso nuestro silencio. Leonardo se sentó junto a mí y yo me acurruqué en su pecho, me sentía protegida y segura, su cuerpo me brindaba el calor que hacía mucho tiempo no tenía. Tres años habían pasado desde la última vez y ahora volvía a tener alguien a mi lado, en esos instantes mi mente volaba al futuro y se imaginaba todo lo que habría de vivir de ahora en adelante, las risas que estarían por venir, los sueños placenteros que habría de tener, todo absolutamente todo, era tal la felicidad que desgraciadamente me olvidé del destino, me olvidé de la vida, me perdí y no recordé que a veces ellos se inmiscuyen y deciden otra cosa.

viernes, 2 de octubre de 2009

Capitulo 3

3




Así pasaba mi vida durante el primer año de la universidad y fuera de ella todo sucedía con normalidad, en casa mis padres se habían dedicado a viajar y disfrutar de las pensiones que mi padre recibía por su jubilación, ellos sabían de mi amor por el arte y la historia y siempre me traían obsequios de los lugares que visitaban pero creo que el regalo que más me gustó fue una carta de mi hermano al que visitaron en una ocasión, lo extrañaba realmente aunque casi no lo demostrase y cada que hablábamos por teléfono me la pasaba realmente bien escuchando como era su vida en aquel país y al terminar nuestras charlas la mayoría de las veces una par de lágrimas asomaban por mis ojos.

Nunca dejaba que el tedio me embistiera y cuando mis amigas no podían hacer algo conmigo debido a los compromisos sentimentales que habían adquirido yo optaba por dar paseos por mi cuenta, recorría las calles y el centro de coyoacan empapándome de su historia y de su atmósfera colonial, por lo general me gustaba ir entre semana pues los sabados y domingos era y es hasta la fecha imposible caminar con toda la gente que anda por ahí además de los ambulantes que ocupan todo alrededor. Me refugiaba en la casa de Frida Kahlo y a veces me aventuraba hasta la de Trotsky. Hallaba placer descansando bajo la sombra de alguna jacaranda disfrutando de un buen libro y delicioso café, el tiempo se me escurría y cuando me percataba de la hora el ocaso ya estaba en lo alto.

La otra zona que acostumbraba visitar era la condesa, me zambullía en su ambiente cosmopolita con todos los turistas que transitaban por sus calles llenas de casas que sin duda alguna habían visto tiempos mejores, la infinidad de cafeterías y bares que se sitúan en sus amplias banquetas que ceden ante la fuerza de las raíces de los árboles que han sido fieles testigos del pasar de las décadas llenas de relatos.


Todo cuanto observaba a mi alrededor me calmaba, los ancianos caminando junto a sus mascotas, las parejas tomadas de la mano y perdiéndose en los ojos del otro y cada veía una escena de estas recordaba cuanto tiempo llevaba sola, sin nadie a mi lado que me estrechara contra su pecho y que me besara la frente. Habían sido tres años desde mi última decepción, el dolor me había dejado secuelas como la desconfianza y me había costado mucho entablar una relación con alguien por el claro miedo a que volviera a sufrir lo mismo. No todos mis pretendientes eran como Gustavo, había algunos que de verdad eran bien parecidos y yo lo sabía, mis amigas se molestaban en ciertas ocasiones ante mis constantes negativas y sólo me decían una y otra vez que no todos los hombres eran iguales y que debía darme una nueva oportunidad.

Los motivos por los cuales termina una relación no pueden ser buenos pero hay algunos que son peores que otros, para mí el peor siempre ha sido la infidelidad, mas aún cuando la descubres por ti misma y no por chismes o rumores. Eduardo fue quien había golpeado mi orgullo y mi estima destrozando la imagen que tenía de compañero fiel, fue muy duro encontrarlo desnudo en la cama de su departamento con una mujer a la que había conocido por Internet. La depresión tardó ocho meses en irse y comencé a tener vida de nuevo, salía con mis amigos, realizaba actividades con mi familia y todo volvía a la normalidad.

Si, era el tiempo de darle una nueva oportunidad al amor, mi cabeza y el corazón me lo decían, esas imágenes que veía por las calles me invitaban a ello y cada vez me convencían más, sentí ánimos y una renovación en el espíritu.

Dejé que el primer año de la universidad terminara así, sola, aunque no me negaba a conocer personas, salía de vez en cuando con los chicos que me invitaban a un café, al cine o a tomar un trago y siempre lo hacía con la disposición de encontrar a alguien, de hallar alguna similitud o algo que tuviera en común con mi cita en turno pero hasta ese momento no lo había encontrado, pero no me desanimaba, mis hermanas me daban ánimos y contribuían con sus consejos para una “sabia” elección como decía Maria.

Deseaba encontrar algún trabajo que me permitiera realizar lo que me gustaba, así estaría en contacto con la historia o el arte sin descuidar la escuela además de ganar un dinero extra. Y fui en busca de los maestros que me habían brindado su amistad para pedirles ayuda para conseguir algún empleo de mi agrado, Francesco Lombardi un profesor de historia del arte consiguió que me aceptaran en el museo de Antropología como asistente del subdirector, se trataba de mi primer empleo y en un lugar donde me sentiría como pez en el agua. Siendo recomendada el sueldo era bueno, gozaba de ciertos privilegios como llegar una hora más tarde e irme una mas temprano, invitaciones a cenas importantes donde casi siempre coincidía con el maestro Pascal quien siempre que me veía me saludaba con gusto y platicaba sobre nuevos hallazgos en lugares lejanos o exposiciones en los museos más importantes del mundo como el Louvre, el museo Del Prado e incluso hasta el de Historia natural de Nueva Cork, era un buen hombre, viudo, padre y abuelo, murió el año pasado acompañado de toda su familia en su natal Italia.

El mundo seguía girando y yo con él, la gente enloquecía cada vez más, ya no quedaba ningún rastro de inocencia salvo el que se puede ver en los ojos de los niños y ello me hace agradecer que mi pequeño, quien apenas empieza a caminar, viva en una nación alejada de la guerra pues por aquel entonces la tierra era testigo a través de la televisión de los ataques terroristas más escalofriantes que se hubiesen presenciado, un par de aviones llenos de inocentes estrellándose contra el símbolo del poder económico de Estados Unidos, meses después las represalias contra los responsables hacían pagar a mas gente inocente incluidos niños que quizás no alcanzaban a comprender ¿Por qué? Mi hijo…es el más grande regalo que ha dado la vida y no puedo evitar las lágrimas cuando veo todos los horrores que hay en la guerra, mi mente suele divagar a menudo y a veces se pregunta por las atrocidades que no vemos y que suceden a diario en esos países atormentados.

Dichos acontecimientos bélicos afectaron a todo el mundo inclusive al museo ya que retrasaron la llegada de algunas exposiciones importantes, las personalidades que venían a dar conferencias cancelaban por miedo o quizás por seguridad y había que hacer algo por lo que me fue asignada la tarea de organizar concursos de fotografía en blanco y negro, algunas exposiciones de artistas noveles y otras actividades culturales mientras los contratiempos y aplazamientos se superaban.

Comencé organizando el concurso de fotografía, solicité una persona para que me ayudara con todo y me asignaron a una chica que estudiaba Derecho en la UNAM y que realizaba su servicio social en el museo, nunca encontré la relación de su carrera y un museo, en fin, comenzamos por visitar diferentes universidades para colocar carteles informativos, la respuesta fue buena a excepción de mi universidad, siempre la consideré cuna de apáticos, Maria y Ana fueron las únicas que participaron y creo que los dos motivos fueron válidos, el primero por solidaridad conmigo y el segundo por el premio de 10 mil pesos mas una beca para estudiar fotografía en Canadá.

Lo siguiente que coordiné fueron las exposiciones, le pedí ayuda a Francesco para seleccionar a los artistas que habrían de exponer sus obras en el museo y he de reconocer que sin su asesoría difícilmente hubiera podido llevar a cabo tal evento y que este a su vez se convirtiera en el éxito que fue pues gracias a esas muestras algunos embajadores europeos que asistieron se interesaron en llevar las creaciones de los pintores y escultores involucrados a sus países. Recibí muchas felicitaciones por parte de mis jefes y eso me lleno de mucho orgullo, era la primera vez que realizaba una tarea de tal magnitud y salía bien, Diana mi asistente también recibió halagos tanto de mi parte como de los directores, pude notar la satisfacción en su rostro.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Un Cuento

El siguiente cuento es de mi etapa Rulfiana (Juan Rulfo) a ver que les parece.


UN ROSARIO, HIERBABUENA Y CANELA


1

-¡Les digo que es bruja!

Todos voltearon a ver a la muchacha cuando Estela Pantoja les dijo eso afuera de la tienda de raya.

Margarita Correa estaba acostumbrada a que la gente la viera despectiva o la rechazaran cuando intentaba entablar platica con alguien, desde que llegó al pueblo su vida había transcurrido siempre de la misma manera, nunca supo las razones que tenía la gente para tratarla tan mal.

Igual que siempre llegó molesta a su jacal y también igual que siempre el pinto le movió la cola cuando la vio. Dejó las cosas que había comprado sobre la mesa y agarro la cubeta donde ponía el maíz para ir a darles un poco a las gallinas que desde hace horas la esperaban.

-Yo creo que deberíamos acusarla con las autoridades del pueblo, ya ven todo el daño que hicieron su madre y su abuela.

El concilio que se había formado afuera de la tienda continuaba sólo que en esta ocasión era Cipriano Robles el que se dirigía a los demás que asentían con la cabeza y miraban con ojos de tecolote.


-Ustedes están locos, esa muchacha no es como las de su familia, nunca le ha hecho nada a nadie.

Se aventuró a decir doña Trinidad Romero que sostenía la bolsa del mandado y que jamás se había visto envuelta en chismes o revueltas de cualquier índole además de ser una señora ecuánime en todos sentidos.

-Tú dices eso porque no la has visto cuando hace sus brujerías pero yo la vi el otro día en el cerró, justo cuando el cielo estaba pardeando, se paró junto del árbol donde se ahorcó Simón Prieto y empezó a bailar como si tuviera al chamuco dentro y luego le dio unos ramazos al suelo.

Todos se quedaron sorprendidos y mudos ante esta afirmación de Estela que se santiguó al acabar su relato, las mujeres se secreteaban unas a otras y los hombres se acomodaban el sombrero y miraban a la tierra.

Margarita se recogió después de poner a cocer los frijoles, antes había cenado una taza de leche y un pan que llevaba dos días sobre la mesa. Se acostó en su cama de tablas que apenas estaba cubierta con un petate deshilachado y se tapó con un gabán que ni calentaba. Le gustaba ver las estrellas a través de los hoyos que había en el techo de la choza, alzaba los brazos como si quisiera tocarlas, todas las noches se dormía con esa última visión.


Los ladridos del pinto a deshoras de la madrugada le quitaron el sueño que de por si lo tenía muy liviano, nunca desde que tenía al animal se había comportado así, se levantó y se asomó por la ventana pero no vio nada, un grito bastó para que el perro se callara pero solo fue por unos segundos porque apenas vio que su dueña desapareció volvió a ladrar, esta vez más fuerte.

Se echó el gabán encima y salió para ver que inquietaba al pinto, la noche era profunda como la boca del lobo pero podía distinguir a lo lejos unas antorchas que titilaban entre los huisaches y los árboles. Jamás en su vida alguien la visitó y muchos menos a aquellas horas de la madrugada y lejos de tener miedo, se sentó en la silla que estaba afuera, el pinto se echó a su lado.

-Ahora si maldita bruja, vas a pagar por lo que han hecho tu y tu familia.


La sentencia de Chabela Romero fue contundente y apoyada por la demás gente que junto con ella y Estela iban por Margarita que sentada veía a toda esa gente sosteniendo machetes, palos, lumbreras y que lanzaban improperios y maldiciones.

-¡Amárrenla y vamonos a la comisaría
Dos muchachos enjutos obedecieron la orden de Estela Pantoja y agarraron a Margarita de los brazos que no opuso resistencia alguna, el pinto que nada mas los vio plantarse frente a la casa comenzó a gruñirles y les lanzó una feroz mordida, Cipriano sacó su machete y de un certero tajo lo dejó sin vida tirado en el suelo. Una mujer le dio un fuerte jalón de greñas y luego una fuerte cachetada que la dejó colgando de los brazos de sus guardianes como muñeca de trapo.

¿Qué es lo que había hecho Margarita? Si desde que se acordaba nunca conoció a su madre o a su abuela, de muy chica la llevaron a vivir con una hermana de su padre a un pueblo rabón del que salió cuando su tía murió y recordó que en una ocasión le dijo que su madre y su abuela vivían en el ocotal a donde llegó pero no encontró a ninguna de las dos y a quienes tenía tiempo habían colgado porque según la gente se dedicaban a la brujería, tal y como ahora la acusaban a ella.

No hizo el menor intento de escapar ni tampoco pidió misericordia y quizás eso fue lo que más les molestó a sus acusadores que se reían de ella y le decían otra vez todo lo que habría de pasarle. Margarita sabía que nunca le había hecho daño a nadie y mucho menos que fuese bruja, su conciencia estaba muy en paz.


Un soldado tocó dos veces en la puerta del capitán Mora que trataba de tener intimidad con la Martina.

-Mi capitán, mi capitán, allá afuera están los que vinieron en la tarde y quieren verlo.

-¡con una chingada López le dije no me estuvieran jodiendo, vaya a ver que quieren y arréglelo!

López se acomodó la gorra y sujetando su máuser salió acompañado de otros dos y se plantó frente a la chusma encendida y les dijo:López escuchó atento las acusaciones y veía los rostros de la gente que cada vez se enardecía más pareciendo perros rabiosos, sólo le faltaba escuchar a la acusada que permanecía inmóvil y muda.
-¿Y tú que dices a todo esto muchacha?
Pero Margarita sólo levantó la mirada para ver quien le hablaba y se pasó la mano por el rostro.

-Ya lo ve, si no dice nada es porque sabe que es culpable.

Cuando Chabela terminó de decir esto todos gritaron y pidieron que la colgaran.

Mas tardaron en conseguir la reata que en lo que estaba Margarita montada en los lomos de un caballo y lista para ser ejecutada, López que quería terminar cuanto antes con el asunto le ordenó al cabo que procediera y quince minutos después con ayuda de su compañero estaba bajando el cadáver de Margarita Correa.

-¿Qué quieren? El capitán ya está dormido.

-Queremos que cuelguen a esta bruja.
Se dirigió a él Estela que fue apoyada unánime por los otros y que se sentía la jefa de aquel grupo.
-¿Por qué dicen que es bruja?

-el otro día se puso a bailar en el cerro y a golpear con ramas en el suelo
Dijo Chabela Romero y luego la siguió Blanca Solís que se abrió paso a empujones.

-Si es cierto, además en su casa tiene un montón de yerbas raras y vaya usted a saber que otras cosas del demonio.

A la mañana siguiente el cabo se presentó ante el teniente López que estaba sentado en su escritorio tomando una taza de café.

-¿Qué fue lo que encontraste en la casa de la difunta?

-un rosario, hierbabuena y canela mi teniente.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Capitulo 2

Aquí está el segundo capítulo de El Canto de las mariposas...

Pues bien, mi vida en la universidad se desarrollaba entre la calma y risas, la gente siempre ha resaltado mi buen humor, Ana y Maria contribuían demasiado para sobrellevar el tedio que a veces invade cualquier centro de enseñanza. Las conocí cuando hicimos una tarea en equipo, ninguna teníamos la menor idea de cómo hacerla pero lo intentamos, la tarde se nos fue entre risas producidas por la simpleza que nos invadió y por los nervios de no saber que hacer. Quizás fue esto lo que hizo que nos agradásemos unas a otras pues el primer día de clases nunca encontré nadie afín para entablar una amistad ya fuera hombre o mujer. Creo que sacamos un siete en el trabajo, todas quedamos satisfechas con la calificación obtenida, como dijera alguno de mis compañeros en la preparatoria después del seis todo es vanidad.

Ana es una chica tranquila hasta cierto punto tímida que en determinadas ocasiones realiza comentarios puntillosos que sacan la risa de cualquiera debido a la espontaneidad y gracia pero sobre todo por lo acertados, al menos así era cuando la conocí, hace mucho tiempo que no la veo y que no tengo contacto con ella, tal vez su oficio de directora general de una cadena de hoteles francesa le deja poco tiempo para comunicarse con sus amistades, la comprendo y sólo puedo decir que yo la quiero y la estimo mucho.

María es todo lo contrario, alegre y muy sociable, una mujer que trata de encontrar la mejor cara a la adversidad, despreocupada y que le apasiona el cine. Su vida a transcurrido de un lado a otro debido al trabajo de su padre, un diplomático español que después de tanto viajar por el mundo decidió establecer su residencia en México a finales de los noventa. Mi amiga nació en Francia pero dice sentirse mexicana debido al cariño que ha recibido aquí, no sé donde escuche esto pero creo que aplica a la perfección con María: La Patria es donde tu corazón decide quedarse.


Durante el primer semestre nuestra amistad se forjó y unió, se convirtieron en mis hermanas y creo que yo en la de ellas, ambas son hijas únicas, pasábamos todo el tiempo juntas y hacíamos todo de igual manera.

Recuerdo la materia de planeación, debíamos entregar un proyecto acerca de la viabilidad de una empresa de servicios financieros, nuestro maestro, un afable señor de 58 años nos recomendó con varios conocidos los cuales nos podrían asesorar en nuestra tarea, todas pusimos dedicación y esfuerzo eso despertó en mi cierto interés por la investigación que yo desconocía.

El transcurrir de los días continuaba y todo con normalidad pero yo seguía luchando contra mis ganas de unirme a la historia o al arte, Ana me desanimaba y Maria me alentaba, tuve que conformarme con realizar paseos y visitas a lugares de mi agrado con el fin de saciar mis deseos de conocimiento, había entablado amistad con algunos maestros de las carreras de artes plásticas e historia, me recomendaban libros y muestras en museos a las que asistía puntualmente, no descuidaba del todo mi carrera pero cada día me sentía más incomoda, de igual manera nunca la abandoné. Al finalizar el primer semestre tenía un promedio de ocho y un gran conocimiento sobre varias culturas europeas del siglo XVI. Durante esos primeros seis meses el grupo se fue haciendo compacto, uno que otro decidía no integrarse del todo y quizás eran los más sensatos pues con el pasar del tiempo los grupitos se definieron y con ello la división y las diferencias normales que hay en cualquier sociedad, pero mientras duro esa unión todos salíamos juntos a tomar una cerveza a algún bar de coyoacan o la condesa después de clases o cuando tuviésemos alguna hora libre, en otras ocasiones solíamos ir al mirador de la carretera a Cuernavaca. Fue bueno mientras duro.

Nunca me he considerado una mujer bella aunque mis amigas, mis padres y algunas personas más me dicen lo contrario, por aquel entonces tenía uno o dos pretendientes pero nada que llamara mi atención o que me quitara el sueño, por el contrario mis amigas encontraron el amor al año de habernos conocido, Ana de manera más formal y María se limitaba a relaciones sin compromiso pero no por ello sin sentimientos involucrados. Recibía muchas burlas por parte de ellas, quizás estás confundida y tu verdadera orientación es otra decía Maria de manera maliciosa y sonriente, Ana la secundaba diciendo que tal vez yo era de izquierda y yo no me defendía porque de verdad que sus comentarios me divertían mucho y todas reíamos hasta que el estómago nos dolía, aunque mas me hubiera valido decir algo en aquella ocasión pues los chicos que me pretendieron al principio eran “bien parecidos” en comparación con Gustavo Mendiola y claro si al principio no dices nada después te cuesta mas trabajo oponerte a los comentarios, en fin, fueron tres meses de agobiante acoso, yo tuve la culpa de que eso pasara porque nunca he tenido el valor de lastimar a las personas diciendo no quiero nada contigo simplemente no les presto atención y dejo que solos se den cuenta de que no estoy interesada, pero fue precisamente este miedo a herir a los demás lo que me permitió saber lo que es estar enamorada realmente, pero sobre todo me dio la posibilidad de amar y ser amada.

Y fue Maria quien me sacó del apuro utilizando toda la delicadeza que podía tener. Sucedió al termino de una clase, el día había estado pesado, por la mañana conferencias aburridas seguidas de un examen, sentía que la cabeza me estallaría en cualquier momento y no pensaba en otra cosa que en irme a descansar, Gustavo había lanzado sobre mí un ataque de flores, chocolates y peluches a lo largo de la semana, no hallaba la manera de sacudírmelo definitivamente y al final del día se acercó para invitarme al cine. Recuerdo que le dediqué una mirada que mezclaba desesperación y enojo pero él lejos de entenderlo tomó la peor de las actitudes posibles para esa ocasión y en tono de broma fijo la hora además de guiñarme un ojo, mi sangre se agolpó en mi cabeza y sentí una punzada aguda atravesarme de punta a punta, María quien caminaba justo detrás de mi dio un paso adelante y se colocó junto a Gustavo.

-¡Coño de verdad que sois imbecil! –Gustavo se quedó petrificado, la escena fue adornada por uno de esos silencios que aparecen sin anuncio previo, todos voltearon en nuestra dirección- .Jamás tendrás oportunidad alguna con Alicia, entiéndelo de una puñetera vez. –sentenció Maria y el silencio se desgarró con algunas risas tímidas.


¿Quién sino ella? Cada vez que lo recuerdo comienzo a sentirme mal pero al final termino riendo a mandíbula suelta aunque se que este mal pero no puedo evitarlo, quizás ese fue uno de los momentos mas penosos que he tenido en mi vida.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Final Alternativo

Asi es, el cuento anterior tiene un final alternativo que a continuación les pongo y asi como DVD edición especial, ustedes decidan que final les gusta mas. (para no poner todo, solo les dejo la parte final)

Así sucedió todo en las dos siguientes noches y a la tercera salió de su apartamento cargando el arma en la bolsa interior del abrigo. Se situó frente al callejón condesa al diez para las once, como en cada trabajo se arrepintió por lo que habría de hacer y una vez que se sintió tranquilo sacó la pistola y la oculto en su espalda. El reloj marcó las once en punto y sus oídos percibieron en la lejanía el toc toc del bastón, sus ojos encontraron la silueta del viejo que avanzaba lento y pausado, la luz era escasa esa noche, la luna estaba oculta entre las nubes y la luz artificial era casi nula. Se ocultó detrás de un coche y esperó, el anciano pasó frente a él y lo siguió como si fuese una fiera acechando a su presa. Se Deslizó sin hacer el menor ruido, sus tenis se adherían al pavimento como timbres postales en el sobre. El viejo dio vuelta en una calle estrecha y más oscura aún, era el momento oportuno así que Fausto apuntó su arma y disparó en dos ocasiones, el cuerpo cayó sin vida, el trabajo estaba hecho. La regla en su mente decía: Aléjate. Pero algo en él le indicaba que por primera vez en su vida echara un vistazo, tal vez era la sensación de no saber quien era debido a la ausencia de foto así que se acercó sigiloso, dio vuelta al cuerpo, lo acercó un poco a la tenue luz de un poste y descubrió en aquel rostro curtido por el tiempo y lleno de arrugas la misma cara de su padre.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Si Quieres Tomar Su Lugar A Mi Me Da Igual

La siguiente historia corria con la misma suerte que la anterior y hoy la saco a la luz para compartirla contigo querido lector (a). Espero que la disfrutes.

Si quieres tomar su lugar a mi me da igual, solo dos cosas te digo: en este negocio la memoria no existe y una vez que entras no hay vuelta atrás. Fue lo único que escuchó en toda su vida decir a su jefe después de alejarse de la bodega abandonada, caminar unos cuantos metros y jalar el gatillo de la beretta 9 milímetros en la oscuridad del callejón pestilente donde apagó la vida de su antecesor.

Desde entonces y puntualmente como cada mañana de lunes y desde hacía cinco años, Fausto encontraba en la puerta de su departamento un sobre amarillo que contenía la foto de su víctima, un breve resumen de sus actividades y el pago adelantado por sus servicios.

Rara la vez tenía una o dos semanas de vacaciones y aquella era una de esas, donde realizaba su vida con normalidad, la fachada que se había fabricado alrededor era perfecta, de día un simple cajero de super mercado y de noche asesino a sueldo. Sus 30 años y su personalidad flemática redondeaban el cuadro.

El despertador sonó, se levantó, caminó, se metió en la ducha y se baño con agua fría como todas las mañanas. Se vistió y salió del departamento, afuera sobre el tapete de la entrada no había nada. Cerraba la puerta con llave cuando del apartamento de enfrente salió aquel hombre bonachón que tenía dos semanas de haberse mudado y que no daba tres pasos seguidos sin que se escuchara su ruidosa carraspera. El hombre lo saludó pero solo recibió de Fausto un esbozo de sonrisa.

Llegó al trabajo y realizó sus actividades tal y como la rutina lo dictaba: sentarse, pasar objetos, recibir dinero y dar cambio. Así pasaron dos horas, su vista se perdía en una revista cuando llegó un cliente que comenzó a poner sus artículos en la banda, una lata de atún y un refresco. Sin despegar la vista de la revista pasó los objetos por el scanner, fue esa carraspera familiar lo que desvió su mirada para encontrar a su vecino.

-Doce pesos por favor. –pronunció seco.

Aquel hombre rasco en sus bolsillos pero apenas juntó diez, Fausto que no era muy paciente le dijo que si no le alcanzaba que dejara un objeto, el hombre después de una valoración rápida se decidió por la coca, nunca supo si fue la situación de aquel desdichado o algún recuerdo lejano lo que le hablando el corazón y lo movió a darle la lata. El hombre la recibió con gusto y se alejó.

Al llegar a su casa Fausto se sumergió en un oleaje de confusión, nunca había hecho algo así, nunca había tenido piedad ni aún cuando alguna de sus víctimas se lo suplicaba.
Se levantó al día siguiente y se bañó como todas las mañanas, se vistió y justo cuando salía se topó con algo inusual en cinco años, el sobre amarillo estaba sobre el tapete, lo recogió y se metió de nuevo a su departamento. Las instrucciones decían así:
Ejecuta al sujeto que pasa todas las noches a las 11en el callejón condesa, siempre lleva un portafolio y un bastón.
Todo aquello estaba demasiado raro, el sobre en un día distinto, las instrucciones tan cortas y no había foto, sólo el dinero estaba completo. Pasó largas horas repasando una y otra vez las posibles respuestas a las preguntas que se formulaba en la mente pero ninguna le satisfacía. No fue a trabajar y esperó paciente a que anocheciera.

El reloj marcaba las 10, salió de su apartamento, en el pasillo se topó con su vecino quien lo saludó pero él siguió con su camino sin detenerse. Caminó rápido con las manos en los bolsillos del abrigo.

Cuando llegó al callejón faltaban 10 minutos para las once, se situó al otro lado de la avenida, justo en frente de su objetivo y espero paciente, observando todo cuanto sucedía a su alrededor, los coches que circulaban y la gente. Cinco minutos y nadie que se asemejara a la descripción, los nervios que nunca había tenido en su oficio ahora le corrían desde el cuello hasta los pies.

Las once en punto, la avenida sola, el humo de las coladeras emanaba y se elevaba hasta perderse, un coche pasó a toda velocidad, aquello no tenía sentido, nadie pasaba a esas horas por ahí, decidido a irse se ajusto el cuello del abrigo cuando escucho un ruidito a lo lejos, toc, toc. Volteó en la dirección del ruido y una figura se dibujo a lo lejos, se agazapo junto a un poste y espero paciente a que el hombre de avanzada edad y que sujetaba un portafolio en su mano derecha un bastón con el que se apoyaba para caminar pasara frente a él, instintivamente se llevó la mano a la bolsa interior del abrigo pero no encontró lo que buscaba, su beretta 9 milímetros.

Regreso a su casa con cierta tranquilidad, las instrucciones eran verdaderas y no había porque dudar más aunque se decidió por comprobar una vez mas y a la noche siguiente hizo lo mismo y todo ocurrió con normalidad, el anciano pasó caminando apoyado en su bastón a las once en punto.

Así sucedió todo en las dos siguientes noches y a la tercera salió de su apartamento cargando el arma en la bolsa interior del abrigo. Se situó frente al callejón condesa al diez para las once, como en cada trabajo se arrepintió por lo que habría de hacer y una vez que se sintió tranquilo sacó la pistola y la oculto en su espalda. El reloj marcó las once en punto y su victima no pasó, espero diez minutos mas y pero el resultado fue el mismo, una sombra de duda se cernió sobre él. Su mente viajó de inmediato al pasado, cinco años atrás y recordó como emboscó a su antecesor con la ayuda de su jefe para después aniquilarlo, una cita falsa y todo lo demás fue pan comido. Regresó rápidamente a su departamento, lleno de un delirio de persecución en todo su ser, observaba todo a su alrededor esperando encontrar algo extraño pero no pasó nada.

Entró en el departamento y se sintió a salvo, se despojó de su abrigo y lo puso en el perchero, después de la beretta y la dejó sobre la mesa. Se dirigió a su habitación que estaba hundida en una completa oscuridad, caminó en dirección de la lámpara cuando escuchó el ruido característico de un percutor amartillado, después una carraspera y por último un disparo.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Atardecer En El Campo

A continuación les dejo un cuento corto que escribí hace tiempo y que encontré por ahi arrumbado en una memoria usb.


Estaba sentado en mi mecedora española del siglo XVI que rechinaba una lastimera canción de crujidos en complicidad con el piso de madera curtida en cada balanceo, ahí frente al enorme ventanal me deleitaba con la pintura celestial llena de pinceladas naranjas, rojas y azules que daban vida al ocaso. El humo de mi cigarro formaba figurillas traviesas que se desvanecían en el aire, estaba descansando como no lo había hecho en muchos días y disfrutando de la calma casi mortuoria de mi casa de campo.

Esa tranquilidad y el ir y venir de mi silla me arrullaban, la somnolencia comenzaba a rodearme con sus brazos sutiles cuando me pareció escuchar a mis espaldas unos pasitos tímidos y delicados que recorrían el salón. Volteé en la dirección que me habían indicado mis oídos pero no encontré nada. Encendí otro cigarro y cuando le daba la primera calada volví a escuchar los pasitos, esta vez un poco más cerca. Volví a girar en dirección del ruido pero no encontré nada, seguramente es la madera me dije. Continué observando el último suspiro del atardecer cuando mis oídos claramente percibieron una risita delgada que los endulzaba cual si fuera miel en mi boca. Intempestivamente giré y me encontré con la silueta ingenua de un niño que sonreía y agitaba su manita de marfil, le devolví la sonrisa y me contestó con una risa un poco más fuerte pero igualmente azucarada de bondad. Me puse en pie para dirigirme hacia él pero apenas di un paso el niño que tenía un aspecto pálido y terso habló diciendo Vais a morir. Una fuerte ráfaga de viento helado entró intempestiva por el ventanal azotando sus hojas llenas de cristales contra las paredes, la noche lo había cubierto todo, la risita dulce volvió a sonar en el aire y cada segundo fue mutando en un lamento rabioso y estridente que se metía en mis nervios sacudiéndolos como una descarga eléctrica.

Caí presa del terror, me encogí buscando esconderme detrás de un mueble, quizás fueron segundos lo que duró aquel martirio pero a mi me parecieron horas, tanto así que no recuerdo el momento en que me desmayé. Al levantarme encontré pequeñas huellas de lodo que guiaban hasta la puerta del sótano donde desaparecieron.

jueves, 24 de septiembre de 2009

El Canto De Las Mariposas

Recuerdo que en una ocasión un maestro me dijo: Las obras siempre deben terminarse sea como sea, pues si no es así pareceran como una especie de tumor. Pero ¿porqué escribo esto? por la sencilla razón de que yo tengo varios tumores en la memoria de mi computadora que jamás he terminado pero que algún día espero terminar, entre ellos esta El canto de la mariposas, una novela narrada en primera persona, teniendo como personaje principal a Alicia quien jamás pensó encontrar el amor y cuando así fue ni cuenta se dio. Aqui está el primer capítulo.

A tres años de distancia, vuelvo la vista al pasado y son muchas las emociones que se agolpan en mí y no sé que sentido darle a las lágrimas que escurren por mis mejillas. A veces somos pocos los afortunados de vivir experiencias especiales, más aún si son conectadas al corazón. Haber sido amada y tener un hijo.

En esta mañana clara y donde el sol se cuela por mi ventana acariciando mi rostro con sus tersos rayos y la calma conquista todo a mí alrededor, me siento frente a la mesa del comedor, la misma donde conocí y experimente lo que es el amor verdadero y puro, sin disfraces.

Alicia fue el nombre que mis padres me pusieron, mi madre fue quien lo eligió debido a que cuando yo estaba en su vientre me leía por las noches Alicia en el país de las maravillas esto a la vez me parece algo irónico pues nunca lo he leído en mis 26 años de vida.

Montevideo, Uruguay, fue la ciudad que me vio nacer y la ciudad de México la que me ha visto crecer ya que desde los dos meses llegué aquí. Mis padres son mexicanos y nací en aquel país debido a un retraso en las negociaciones de mi padre, que por aquel entonces era vicepresidente regional de una importante farmacéutica transnacional, mi madre con 7 meses de embarazo le acompañó en aquella ocasión pues él no la dejaba sola ni un instante, mucho menos en aquel estado. Solo tengo un hermano, menor que yo, es el orgullo de la familia, su impecable historial académico y su dedicación al estudio le colocaron ahí además de llevarlo a estar becado por el estado y estudiar la carrera de biólogo en Alemania.

Mi carrera estudiantil nunca fue de lo más brillante ni reconocida pero mis padres nunca me reprocharon nada, siempre fueron aceptados mis sietes y mis ochos con gusto, obtuve mi licenciatura en Administración de empresas en una Universidad privada, de la cual omito el nombre porque nunca la consideré mi Alma Matter, sólo le he de agradeceré haber sido el punto de encuentro con mi vida.


La universidad, ¿Cómo fue que decidí estudiar una carrera? No lo sé y cuando me di cuenta ya estaba en el tercer semestre de la carrera. Lo mío siempre había sido el arte, nada que ver con los números, cuestiones administrativas o términos confusos, a veces nuestro camino se desvía un poco y nos metemos en sendas que quizás jamás imaginamos, la única explicación, medianamente cercana, que encuentro a porque estudié administración son los halagos que recibía por parte de mi profesor de cálculo en la preparatoria quien me decía lo buena que era para resolver las ecuaciones que nos formulaba durante el curso, tal vez esto se alojó profundamente en mi inconciente y al final fue él quien tomó la decisión.

Nada era demasiado complicado ni tampoco fácil al principio, así lo sentía yo que nunca fui lo suficientemente dedicada al estudio, sólo me limitaba a cumplir con lo que debía y no más. Detestaba a esas personas que corrían de un lado a otro apuradas por terminar una tarea, por conseguir un libro, por llegar a una conferencia, yo no, no me gustaba malgastar energía en algo así, pues si no lo hacía en las labores de mi agrado mucho menos lo hacía en algo que no disfrutaba del todo, se trataba de cumplir y nada más pero haciéndolo bien por supuesto ya que nunca he sido descuidada ni indiferente a mis obligaciones.

He conocido a personas valiosas a lo largo de mi vida y también lo hice en la universidad, me hice de varias amistades pero sólo fueron dos las que valieron la pena, Ana y Maria, un par de chicas que me entregaron su amistad sincera que llegó a convertirse en hermandad y creo que de mi parte recibieron y siguen recibiendo lo mismo.

En fin, creo que he divagado un poco sobre la idea principal de esta historia, tal vez se deba al dolor que me produce y mi mente intencionalmente se desvíe pero me he prometido contarla y que a través de ella las personas que la lean, conozcan algo sobre mi y que también sepan que el amor cuando llega de verdad es inevitable y que para mí esa palabra tiene un nombre y ese es Darío.