UN ROSARIO, HIERBABUENA Y CANELA
1
-¡Les digo que es bruja!
Todos voltearon a ver a la muchacha cuando Estela Pantoja les dijo eso afuera de la tienda de raya.
Margarita Correa estaba acostumbrada a que la gente la viera despectiva o la rechazaran cuando intentaba entablar platica con alguien, desde que llegó al pueblo su vida había transcurrido siempre de la misma manera, nunca supo las razones que tenía la gente para tratarla tan mal.
Igual que siempre llegó molesta a su jacal y también igual que siempre el pinto le movió la cola cuando la vio. Dejó las cosas que había comprado sobre la mesa y agarro la cubeta donde ponía el maíz para ir a darles un poco a las gallinas que desde hace horas la esperaban.
-Yo creo que deberíamos acusarla con las autoridades del pueblo, ya ven todo el daño que hicieron su madre y su abuela.
El concilio que se había formado afuera de la tienda continuaba sólo que en esta ocasión era Cipriano Robles el que se dirigía a los demás que asentían con la cabeza y miraban con ojos de tecolote.
-Ustedes están locos, esa muchacha no es como las de su familia, nunca le ha hecho nada a nadie.
Se aventuró a decir doña Trinidad Romero que sostenía la bolsa del mandado y que jamás se había visto envuelta en chismes o revueltas de cualquier índole además de ser una señora ecuánime en todos sentidos.
-Tú dices eso porque no la has visto cuando hace sus brujerías pero yo la vi el otro día en el cerró, justo cuando el cielo estaba pardeando, se paró junto del árbol donde se ahorcó Simón Prieto y empezó a bailar como si tuviera al chamuco dentro y luego le dio unos ramazos al suelo.
Todos se quedaron sorprendidos y mudos ante esta afirmación de Estela que se santiguó al acabar su relato, las mujeres se secreteaban unas a otras y los hombres se acomodaban el sombrero y miraban a la tierra.
Margarita se recogió después de poner a cocer los frijoles, antes había cenado una taza de leche y un pan que llevaba dos días sobre la mesa. Se acostó en su cama de tablas que apenas estaba cubierta con un petate deshilachado y se tapó con un gabán que ni calentaba. Le gustaba ver las estrellas a través de los hoyos que había en el techo de la choza, alzaba los brazos como si quisiera tocarlas, todas las noches se dormía con esa última visión.
Los ladridos del pinto a deshoras de la madrugada le quitaron el sueño que de por si lo tenía muy liviano, nunca desde que tenía al animal se había comportado así, se levantó y se asomó por la ventana pero no vio nada, un grito bastó para que el perro se callara pero solo fue por unos segundos porque apenas vio que su dueña desapareció volvió a ladrar, esta vez más fuerte.
Se echó el gabán encima y salió para ver que inquietaba al pinto, la noche era profunda como la boca del lobo pero podía distinguir a lo lejos unas antorchas que titilaban entre los huisaches y los árboles. Jamás en su vida alguien la visitó y muchos menos a aquellas horas de la madrugada y lejos de tener miedo, se sentó en la silla que estaba afuera, el pinto se echó a su lado.
-Ahora si maldita bruja, vas a pagar por lo que han hecho tu y tu familia.
La sentencia de Chabela Romero fue contundente y apoyada por la demás gente que junto con ella y Estela iban por Margarita que sentada veía a toda esa gente sosteniendo machetes, palos, lumbreras y que lanzaban improperios y maldiciones.
-¡Amárrenla y vamonos a la comisaría
Dos muchachos enjutos obedecieron la orden de Estela Pantoja y agarraron a Margarita de los brazos que no opuso resistencia alguna, el pinto que nada mas los vio plantarse frente a la casa comenzó a gruñirles y les lanzó una feroz mordida, Cipriano sacó su machete y de un certero tajo lo dejó sin vida tirado en el suelo. Una mujer le dio un fuerte jalón de greñas y luego una fuerte cachetada que la dejó colgando de los brazos de sus guardianes como muñeca de trapo.
¿Qué es lo que había hecho Margarita? Si desde que se acordaba nunca conoció a su madre o a su abuela, de muy chica la llevaron a vivir con una hermana de su padre a un pueblo rabón del que salió cuando su tía murió y recordó que en una ocasión le dijo que su madre y su abuela vivían en el ocotal a donde llegó pero no encontró a ninguna de las dos y a quienes tenía tiempo habían colgado porque según la gente se dedicaban a la brujería, tal y como ahora la acusaban a ella.
No hizo el menor intento de escapar ni tampoco pidió misericordia y quizás eso fue lo que más les molestó a sus acusadores que se reían de ella y le decían otra vez todo lo que habría de pasarle. Margarita sabía que nunca le había hecho daño a nadie y mucho menos que fuese bruja, su conciencia estaba muy en paz.
Un soldado tocó dos veces en la puerta del capitán Mora que trataba de tener intimidad con la Martina.
-Mi capitán, mi capitán, allá afuera están los que vinieron en la tarde y quieren verlo.
-¡con una chingada López le dije no me estuvieran jodiendo, vaya a ver que quieren y arréglelo!
López se acomodó la gorra y sujetando su máuser salió acompañado de otros dos y se plantó frente a la chusma encendida y les dijo:López escuchó atento las acusaciones y veía los rostros de la gente que cada vez se enardecía más pareciendo perros rabiosos, sólo le faltaba escuchar a la acusada que permanecía inmóvil y muda.
-¿Y tú que dices a todo esto muchacha?
Pero Margarita sólo levantó la mirada para ver quien le hablaba y se pasó la mano por el rostro.
-Ya lo ve, si no dice nada es porque sabe que es culpable.
Cuando Chabela terminó de decir esto todos gritaron y pidieron que la colgaran.
Mas tardaron en conseguir la reata que en lo que estaba Margarita montada en los lomos de un caballo y lista para ser ejecutada, López que quería terminar cuanto antes con el asunto le ordenó al cabo que procediera y quince minutos después con ayuda de su compañero estaba bajando el cadáver de Margarita Correa.
-¿Qué quieren? El capitán ya está dormido.
-Queremos que cuelguen a esta bruja.
Se dirigió a él Estela que fue apoyada unánime por los otros y que se sentía la jefa de aquel grupo.
-¿Por qué dicen que es bruja?
-el otro día se puso a bailar en el cerro y a golpear con ramas en el suelo
Dijo Chabela Romero y luego la siguió Blanca Solís que se abrió paso a empujones.
-Si es cierto, además en su casa tiene un montón de yerbas raras y vaya usted a saber que otras cosas del demonio.
A la mañana siguiente el cabo se presentó ante el teniente López que estaba sentado en su escritorio tomando una taza de café.
-¿Qué fue lo que encontraste en la casa de la difunta?
-un rosario, hierbabuena y canela mi teniente.
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