lunes, 28 de septiembre de 2009

Capitulo 2

Aquí está el segundo capítulo de El Canto de las mariposas...

Pues bien, mi vida en la universidad se desarrollaba entre la calma y risas, la gente siempre ha resaltado mi buen humor, Ana y Maria contribuían demasiado para sobrellevar el tedio que a veces invade cualquier centro de enseñanza. Las conocí cuando hicimos una tarea en equipo, ninguna teníamos la menor idea de cómo hacerla pero lo intentamos, la tarde se nos fue entre risas producidas por la simpleza que nos invadió y por los nervios de no saber que hacer. Quizás fue esto lo que hizo que nos agradásemos unas a otras pues el primer día de clases nunca encontré nadie afín para entablar una amistad ya fuera hombre o mujer. Creo que sacamos un siete en el trabajo, todas quedamos satisfechas con la calificación obtenida, como dijera alguno de mis compañeros en la preparatoria después del seis todo es vanidad.

Ana es una chica tranquila hasta cierto punto tímida que en determinadas ocasiones realiza comentarios puntillosos que sacan la risa de cualquiera debido a la espontaneidad y gracia pero sobre todo por lo acertados, al menos así era cuando la conocí, hace mucho tiempo que no la veo y que no tengo contacto con ella, tal vez su oficio de directora general de una cadena de hoteles francesa le deja poco tiempo para comunicarse con sus amistades, la comprendo y sólo puedo decir que yo la quiero y la estimo mucho.

María es todo lo contrario, alegre y muy sociable, una mujer que trata de encontrar la mejor cara a la adversidad, despreocupada y que le apasiona el cine. Su vida a transcurrido de un lado a otro debido al trabajo de su padre, un diplomático español que después de tanto viajar por el mundo decidió establecer su residencia en México a finales de los noventa. Mi amiga nació en Francia pero dice sentirse mexicana debido al cariño que ha recibido aquí, no sé donde escuche esto pero creo que aplica a la perfección con María: La Patria es donde tu corazón decide quedarse.


Durante el primer semestre nuestra amistad se forjó y unió, se convirtieron en mis hermanas y creo que yo en la de ellas, ambas son hijas únicas, pasábamos todo el tiempo juntas y hacíamos todo de igual manera.

Recuerdo la materia de planeación, debíamos entregar un proyecto acerca de la viabilidad de una empresa de servicios financieros, nuestro maestro, un afable señor de 58 años nos recomendó con varios conocidos los cuales nos podrían asesorar en nuestra tarea, todas pusimos dedicación y esfuerzo eso despertó en mi cierto interés por la investigación que yo desconocía.

El transcurrir de los días continuaba y todo con normalidad pero yo seguía luchando contra mis ganas de unirme a la historia o al arte, Ana me desanimaba y Maria me alentaba, tuve que conformarme con realizar paseos y visitas a lugares de mi agrado con el fin de saciar mis deseos de conocimiento, había entablado amistad con algunos maestros de las carreras de artes plásticas e historia, me recomendaban libros y muestras en museos a las que asistía puntualmente, no descuidaba del todo mi carrera pero cada día me sentía más incomoda, de igual manera nunca la abandoné. Al finalizar el primer semestre tenía un promedio de ocho y un gran conocimiento sobre varias culturas europeas del siglo XVI. Durante esos primeros seis meses el grupo se fue haciendo compacto, uno que otro decidía no integrarse del todo y quizás eran los más sensatos pues con el pasar del tiempo los grupitos se definieron y con ello la división y las diferencias normales que hay en cualquier sociedad, pero mientras duro esa unión todos salíamos juntos a tomar una cerveza a algún bar de coyoacan o la condesa después de clases o cuando tuviésemos alguna hora libre, en otras ocasiones solíamos ir al mirador de la carretera a Cuernavaca. Fue bueno mientras duro.

Nunca me he considerado una mujer bella aunque mis amigas, mis padres y algunas personas más me dicen lo contrario, por aquel entonces tenía uno o dos pretendientes pero nada que llamara mi atención o que me quitara el sueño, por el contrario mis amigas encontraron el amor al año de habernos conocido, Ana de manera más formal y María se limitaba a relaciones sin compromiso pero no por ello sin sentimientos involucrados. Recibía muchas burlas por parte de ellas, quizás estás confundida y tu verdadera orientación es otra decía Maria de manera maliciosa y sonriente, Ana la secundaba diciendo que tal vez yo era de izquierda y yo no me defendía porque de verdad que sus comentarios me divertían mucho y todas reíamos hasta que el estómago nos dolía, aunque mas me hubiera valido decir algo en aquella ocasión pues los chicos que me pretendieron al principio eran “bien parecidos” en comparación con Gustavo Mendiola y claro si al principio no dices nada después te cuesta mas trabajo oponerte a los comentarios, en fin, fueron tres meses de agobiante acoso, yo tuve la culpa de que eso pasara porque nunca he tenido el valor de lastimar a las personas diciendo no quiero nada contigo simplemente no les presto atención y dejo que solos se den cuenta de que no estoy interesada, pero fue precisamente este miedo a herir a los demás lo que me permitió saber lo que es estar enamorada realmente, pero sobre todo me dio la posibilidad de amar y ser amada.

Y fue Maria quien me sacó del apuro utilizando toda la delicadeza que podía tener. Sucedió al termino de una clase, el día había estado pesado, por la mañana conferencias aburridas seguidas de un examen, sentía que la cabeza me estallaría en cualquier momento y no pensaba en otra cosa que en irme a descansar, Gustavo había lanzado sobre mí un ataque de flores, chocolates y peluches a lo largo de la semana, no hallaba la manera de sacudírmelo definitivamente y al final del día se acercó para invitarme al cine. Recuerdo que le dediqué una mirada que mezclaba desesperación y enojo pero él lejos de entenderlo tomó la peor de las actitudes posibles para esa ocasión y en tono de broma fijo la hora además de guiñarme un ojo, mi sangre se agolpó en mi cabeza y sentí una punzada aguda atravesarme de punta a punta, María quien caminaba justo detrás de mi dio un paso adelante y se colocó junto a Gustavo.

-¡Coño de verdad que sois imbecil! –Gustavo se quedó petrificado, la escena fue adornada por uno de esos silencios que aparecen sin anuncio previo, todos voltearon en nuestra dirección- .Jamás tendrás oportunidad alguna con Alicia, entiéndelo de una puñetera vez. –sentenció Maria y el silencio se desgarró con algunas risas tímidas.


¿Quién sino ella? Cada vez que lo recuerdo comienzo a sentirme mal pero al final termino riendo a mandíbula suelta aunque se que este mal pero no puedo evitarlo, quizás ese fue uno de los momentos mas penosos que he tenido en mi vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario