Un lugar para imaginar
La idea nace en nosotros y compartirla es nuestro derecho este es el albergue donde podran refugiarse todos aquellos pensamientos, cuentos, poemas, o ideas que nazcan en nuestras mentes y corazones.
domingo, 20 de junio de 2010
Disculpen
Hacia muchisimo que no escribía nada, y es que la verdad entré en un letargo muy prolongado del cual no tenía las más mínimas ganas de salir, estaba muy comodo en mi nuevo mundo de los videojuegos jejejeje, assasin's creed se robó mi atención por completo. Sí a eso le aunamos que empezó el mundial pues no hay nada que hacer, el futbol es una de mis grandes pasiones y además este ocurre cada 4 años así que ni hablar por ahí nos veremos después del 11 de Julio y por lo pronto h escrito estas líneas que ya son bastante y mucho que decir amigos, ojalá las musas bajen para esa fecha y esté de vuelta con bríos renovados.
viernes, 5 de marzo de 2010
Renovatio
Pues bien como dice el dicho no hay plazo que no se cumpla ni fecha que no se llegue, aquí esta el cuento de RENOVATIO.
Derechos Reservados
Mexico 2009
1
El automóvil se detuvo en la plaza de la constitución, en la ciudad de los palacios, frente al Majestic, descendió acomodándose las solapas, pagó los honorarios del taxista y este arrancó sin mirar atrás. Hasta ese lugar lo había llevado el destino para continuar con la búsqueda y espera que había emprendido hace más de 900 años en su natal Francia. Este era el sitio donde más tiempo había pasado y estaba dispuesto a convertirse, si es que no lo era ya, en una de las tantas leyendas de la Ciudad de México, su nuevo patria.
Deseaba llegar cuanto antes a su morada, un palacete colonial lleno de historia y olvido en sus paredes y marquesinas ubicado en la calle de Madero. Caminó lento, mezclándose con la gente que transitaba por las calles como autómatas, después de su metamorfosis ya nada era igual, no se acostumbraba a convivir con las personas normales, pues en apariencia, y sólo en eso, eran similares a él, pero ese era el precio, esa era la circunstancia de su nueva condición sobrenatural.
Cuando por fin llegó a su destino y cruzó el umbral de la puerta sintió renovado su espíritu, solo en su hogar se sentía reconfortado, tal vez porque solo el vivía ahí, estaba cansado, vivir 930 años lo tenían exhausto, solo el amor a su hijo lo mantenía en pie, la promesa que le hizo durante su agonía le renovaba el coraje, no así el alma, pues estaba convencido que la perdió el mismo día en que se convirtió en inmortal, si, el alma de Andreu había muerto.
Se dirigió al armario principal de la estancia central y de ahí extrajo el prodigioso artefacto que le permitía cumplir con su promesa hasta ese día, lo sujetó firmemente y lo contempló una vez más al tiempo que el oro y la amatista que lo revestían fulguraban intensamente como si le recordaran la extraordinaria propiedad que habitaba en todo su ser.
Volvió a colocar el artefacto en su lugar y se dirigió al enorme espejo que había en el salón mayor, frente a él descubrió su pecho yermo y recorrió con la mirada todas las cicatrices que había recibido en innumerables batallas y de las que había salido victorioso en todas, se tocó de manera especial una que tenía la forma de garra descarnada y que era la más profunda de todas, un hechicero maligno fue el autor de tan abominable herida.
“Juro que mi venganza será peor Andreu” fueron las palabras de aquel pobre diablo y después murió. 500 años habían pasado desde entonces y jamás había sucedido nada y estaba seguro de que nunca sucedería.
El alba daba paso al ocaso y Andreu sintió la necesidad de descansar su cuerpo y mente pues en sueños era donde realmente le gustaba vivir, ahí todo era felicidad, ahí podía ser todo lo que el quisiera, un ave, un toro o incluso agua, en los sueños podía convertirse en todo lo que nunca había sido y también ahí podía hacer todo lo que le viniera a la mente y pudiera desear tan ardientemente como quisiera, incluso morir.
2
…Recuerda que debes encontrar la palabra que abra el artilugio, un rayo cegador aparecerá y será la señal de tu nueva vida a la que jamás podrás renunciar… Se levantó con estas palabras en el pensamiento y alzó la vista hasta posarla en el arco de la entrada de su habitación, ahí estaba inscrita con letras doradas la palabra Renovatio, la misma que dijo para volverse perpetuo, tomó la moneda que había dejado sobre su buró y que fue lo último que sostuvo su hijo entre sus manos antes de morir a causa de la guerra que aquejó a su pueblo.
La llevaba consigo todos los días, pues tenía Fe en que las palabras del viejo ermitaño de oriente fueran ciertas El día que por fin encuentres a tu hijo esta moneda arderá entre tus manos, pero sobre todo será tu corazón el que te lo indicará.
La miró con detenimiento y una lágrima fluyó por su mejilla, recordando el infierno que había sido su vida desde aquel fatídico día, maldijo todo lo que le rodeaba, él que había sido el mayor de los creyentes de su villa renunció a su doctrina, tampoco se unió a la fuerzas del mal y de hecho las combatió a sangre y fuego matando a un sin fin de demonios que trataron en vano de convertirlo a su causa, a veces se arrepentía de su decisión pues más había sido el tiempo de espera en la tierra que lo que hubiese sido su muerte y poder reencontrarse con su amado hijo en el cielo.
Mucho tiempo llevaba ya en la ciudad, más de100 años para ser exacto, vio una parte de su transformación e historia pasar ante sus ojos, la conocía como la palma de su mano. Y siempre era el mismo dolor, perder a personas apreciadas por él a lo largo de tanto tiempo y siempre volver al comienzo de su nueva existencia, la soledad, esa era la que nunca lo abandonaba.
Ese día escogió como atuendo un antiguo traje que por su porte y figura lo hacían parecer un emperador de tiempos beatos para la ciudad, se colocó su sombrero de paño y tomó su bastón que secretamente escondía una espada, la misma que le había acompañado toda la vida, también tomó el artilugio que jamás en toda su existencia como inmortal había cargado consigo y salió a dar su recorrido usual por el centro histórico, ese día sintió que seria especial, quizás ese sería el día cero.
Se sumergió en las profundidades de un antiguo pasaje subterráneo donde se refugiaban seres de todas clases, ocultos bajo el disfraz de comerciantes chinos, árabes o hindúes; las hadas, duendes o elfos realizaban sus actividades como todos los días, algunos lo saludaban amigablemente otros simplemente le ofrendaban una inclinación de cabeza. Aquel lugar guardaba magia, tenía un sin fin de pasadizos que conectaban a la ciudad entre si, recordó el asombró que sintió cuando le fue develado el secreto de este mundo bajo tierra.
Ahí abajo había de todo, un salón de juegos donde se perdían enormes cantidades de oro, una taberna que apagaba la sed de cualquiera que deseara refrescarse a la luz de los rayos de sol que se colaban por entre las rendijas de las coladeras con una deliciosa cerveza de malta.
No le apetecía por el momento quedarse ahí, solo quería caminar por lo que decidió emerger cerca de la catedral, una de las principales salidas se encontraban a un lado del templo mayor.
3
El calor era fuerte ese día, el sol caía a plomo, Andreu sacó su pañuelo de seda fina y se secó la frente, recordó que cerca de ahí había un bar donde servían una excelente cerveza oscura de barril así que sin dilación emprendió la marcha.
Solo estuvo media hora, nunca le había gustado estar entre tanta gente en un espacio cerrado, el calor seguía golpeando duro al centro de la ciudad, empezó a sentir una calidez que le corría por la pierna derecha pero lejos estaba de ser provocada por el sol y encontró la causa en su bolsillo, la moneda de su hijo se sentía tibia, incertidumbre sentía en él, nunca en 900 años aquella pieza de oro se había calentado aunque fuera un poco, por el contrario, parecía un cubo de hielo, para despejar sus dudas fue corriendo hasta una farmacia y abrió un congelador de refrescos y sujetando la moneda metió la mano esperando que tomara la temperatura de siempre pero fue inútil, siguió cálida.
Salió corriendo y comenzó a recorrer desesperado las calles, temiendo alejarse y que el ligero candor desapareciera. Las avenidas principales fueron su primer objetivo, se acercaba lo más que podía a cuanto niño solo o acompañado veía pero la temperatura no variaba ni un ápice, no sabía que hacer, a donde ir, su corazón comenzó a palpitar con ritmo frenético al mirar en dirección de la plaza de la constitución y recordó de inmediato las palabras del ermitaño, apretó la moneda contra su pecho y se apresuró a llegar, su larga cabellera blanca se agitaba a su paso, la gente lo veía extrañada pensando si algo sucedía, un policía le preguntó en medio de su loca carrera si tenía algún problema y él le respondió negando con la cabeza, el oficial solo se encogió de hombros.
A medida que avanzaba el calor de la moneda aumentaba, los ríos humanos desembocaban en la plaza que lucía rebosante de personas. Ensimismado en su labor olvidó fijarse de su entorno y un autobús de pasajeros lo embistió con fuerza levantándolo y lanzándolo por los aires hasta dar contra un árbol mismo que partió por la mitad debido al impacto y potencia. Gritos y asombro de la gente que estaba cerca reinaron en el ambiente, un barrendero le ayudó a incorporarse y continuó corriendo ante el asombro de las personas, algunos se santiguaron ante lo que habían visto.
Su mano comenzaba a quemarse igual que su corazón, cruzó la avenida y un par de coches frenaron haciendo rechinar lastimeros sus neumáticos, un océano de caras y cuerpos se abría ante sus ojos, se adentró en él y comenzó su búsqueda rodeando las cuatro esquinas de la plaza, fijaba su vista de halcón en cada figura infantil que veía pero ninguna era, la moneda continuaba ardiente y no perdía su calor, estaba ahí y lo sabía, cerca del palacio nacional el ardor aumentó pero no había ningún niño cerca, ¿sería una jugarreta cruel del destino? Miraba en todas direcciones pero no encontraba nada, de pronto un espacio se abrió y pudo ver a un chiquillo parado junto al asta bandera que miraba en todas direcciones tratando de localizar a alguien, estaba perdido e intentaba localizar a sus padres.
A empellones se abrió paso entre la gente que lo miraba con desprecio, estaba tan cerca de lo que había esperado por tanto tiempo, 900 años estaban por llegar a su fin. La moneda comenzó a incendiarse, su color rojo intenso se asemejaba al de la lava incandescente pero no la soltó y cuando se halló a unos pasos del niño lo contempló con ternura, la misma con la que había visto morir a su hijo y que ahora vivía en ese pequeño, su rostro era el mismo, los ojos, los labios sonrosados y diminutos, su delgada nariz afilada, no tenía ni una línea diferente, el cabello negro ensortijado igual que siempre.
Un par lágrimas nacieron en los ojos de Andreu quien se inclinó y estrechó al niño entre sus brazos.
-¡Phillip, que día tan dichoso!
El niño no hizo el menor gesto de rechazo o sorpresa, aquel hombre le parecía familiar aunque nunca lo había visto y por el contrario sintió ganas de abrazarlo y así lo hizo, se refugió en su pecho, no era su padre pero lo sentía como tal.
Poco duró el momento pues un frío recorrió el pecho de Andreu, algo ajeno se había alojado en él, su hijo se desvaneció sin motivo aparente y al verlo descubrió con error que la materia extraña que se había introducido en su cuerpo era una filosa espada que lo había atravesado a él y al pequeño Phillip que ahora agonizaba por segunda vez. Una risa malévola le retumbó en los oídos y al girar la cabeza encontró al hechicero Bagdalá que cumplía su promesa de vengarse. No tuvo tiempo de descargar su ira porque la bala de un policía se alojó en la cabeza de su enemigo, su sangre de un rojo negrizco se esparcía lenta por la plancha hasta detenerse y formar un charco en el hasta bandera.
Sacó el artilugio de entre sus ropas y lo colocó en la herida de su hijo y cerrando los ojos dijo la palabra que accionaba al artefacto, ¡Renovatio! Dijo una y otra vez sin cesar pero fue en vano, Phillip yacía muerto en el suelo de la misma manera como sucedió 900 años atrás cuando en aquella primavera francesa la desalmada hoja de una espada y el funesto destino los había separado por primera vez.
martes, 2 de marzo de 2010
Sin Novedad En El Frente
Asi es mis amigos, sin novedad en el frente, el día de hoy estuvo relax, leí un poco del libro que tengo sobre mi buró, Dalí es el título, que en verdad se los recomiendo, es una buena opción de un texto atemporal y que lo puedes dejar de leer y volver hacerlo sin que pierda continuidad pues son anecdotas de uno de los amigos más cercanos del divino Salvador Dalí, que sin duda tiene una manera muy amena de relatar las vivencias que tuvo junto a este ícono del arte surrealista.
Fuera de ello fue un día como cualquier otro, asi es que sin novedad en el frente....
Fuera de ello fue un día como cualquier otro, asi es que sin novedad en el frente....
lunes, 1 de marzo de 2010
Calladito me veo mas bonito...
Si si, ya se, más de un mes sin poner nada cuando en la última entrada había dicho que lo haría más seguido pero bueno me he dado cuenta que tengo que, ahora si enserio, definir muy bien mis asuntos y cosas pendientes o por hacer, no termino una cuando ya estoy metido en otra, aunque la mayor de las veces acabo con aquello que empiezo, pero en fin ya estoy de vuelta y ahora si espero estar más al tanto del blog que lo he descuidado un buen. Entre las cosas que hice, tuve la magnífica idea de hacer un documental sobre unos murales y pues en ello se me fue gran parte del tiempo sin contar que no he empezado a editar pero com ya dije líneas arriba, empiezo mil y un cosas al mismo tiempo, mal hecho.
Por otro lado algunos me han preguntado el origen del nombre del blog, fácil, lo tomé de un cuento que escribí hace tiempo y que se llama renovatio. Me han pedido que lo ponga aqui y lo haré, lo prometo, ya que quienes lo han leído me han dicho que les ha gustado mucho y pues como se dice al cliente lo que pida jajaja.
viernes, 22 de enero de 2010
ESTOY DE VUELTA
Antes que nada una disculpa a todos los seguidores y los que visitan este blog y que me habían preguntado cuando publicaria algo de nuevo, pues como dicen, mas vale tarde que nunca y ya estoy de vuelta después de un largo viaje que hice alrededor del mundo.... no es cierto, la neta es que andaba por ahi haciendome guey y haciendo otras cosas pero aqui estoy de nuevo y ahora les dejare un cuento que escribi hace tiempo y es parte de la colección de cuentos del centro histórico de la ciudad de México que tengo y que poco a poco iré publicando aquí.
Esa tarde nublada, de árboles secos y hojas regadas por el suelo Carlo entró en la tienda de antigüedades, no buscaba nada en especial era sólo la simple curiosidad que surge al ver objetos extraños en el aparador como una figurilla hindú de cuatro brazos, un jarrón decorado con miles de colores o un mandoble de la edad media. Detrás del mostrador un par de manos rugosas de piel muy delgada sujetaban un periódico, los anteojos se movían en un cadencioso ir y venir de izquierda a derecha, la calva brillosa del anticuario de 68 años relucía gracias al reflejo de la luz del sol que se colaba por una ventana. Al cruzar el portal una campana sonó, el anticuario alzó la mirada para echar un vistazo y después siguió con lo suyo, Carlo por su parte observaba con detenimiento las cosas que estaban sobre los estantes, un ángel de porcelana, una cruz de madera con un Cristo de plata, un reloj cucú con un par de muñequitos que simulaban ser montañeses que golpeaban una campana y que le recordaba aquel que colgaba de una de las paredes de la casa de su abuela en donde pasó tan felices momentos de su infancia bebiendo chocolate caliente y escuchando las proezas del abuelo.
Las páginas eran cambiadas cada cinco minutos, con ese peculiar sonido que produce el papel al ser sujetado por los dedos, la respiración profunda del sexagenario era el otro ruido reinante.
La cita que Carlo tenía pactada con su amada Camile era hasta las 5:30 PM así que aun le quedaban 20 minutos para terminar de ver los objetos que se encontraban al fondo del local. ¡Una espada templaria! Pasó por su mente al verla sujetada en la pared, era obviamente una replica, pero eso si muy fiel al original. “Si lo sabré yo que soy un gran seguidor del Santo Grial y todo lo que lo rodea” se dijo Carlo interiormente.
Miró su reloj y sólo faltaban cinco minutos así que se enfiló hacía la entrada. Únicamente dio dos pasos y se detuvo ¿la razón? El brillo resplandeciente que provenía de una pequeña caja de cristal, se acercó y pudo percatarse de que en el interior descansaba una cadena muy delgada y fina que tenía un pequeño diamante cada cinco eslabones, quedó maravillado ante tal belleza solamente comparable con aquella vasija bizantina que encontró en un pequeño bazar ubicado en el barrio parisino de St. Germain cuando estuvo en Europa estudiando historia del arte en la Universidad de Salamanca, España.
Tomó la cajita entre sus manos, se dirigió al mostrador y la colocó sobre el periódico, el anticuario levanto la mirada indiferente.
-¿cuál es el precio? –preguntó ansioso.
-no esta en venta. –respondió el anticuario sin siquiera verlo.
-entonces porque está aquí? –preguntó molesto.
-olvide quitarla de ese lugar. –respondió el anticuario otra vez sin ver a Carlo.
Dio un fuerte golpe en el mostrador y salió del local furioso y frustrado, cruzó la avenida y entró en el Café Marsella, ahí sentada en la mesa de siempre esperaba Camile a su amado Carlo quién se sentó y no pronunció ni una palabra, no hizo falta, su mujer sabía perfectamente gracias a los años de estar a su lado y vivir un sin fin de experiencias que estaba molesto. Ninguno habló en cerca de veinte minutos y la incomodidad que produce ese silencio pesado como una loza comenzaba a impacientar a Camile quien jugueteaba con la cuchara, habían pasado cinco tazas de café.
“Pero he de obtenerla aunque tenga que robarla.” Dijo Carlo y miró a través de la ventana en dirección a la tienda de antigüedades, Camile le preguntó de qué hablaba y este le contó lo sucedido.
No podía contrariarle, ni tratar de persuadirlo de no hacerlo pues sabía que cuando a Carlo se le metía algo en la cabeza era muy difícil que hiciera caso e incluso podría ponerse algo violento, esa manera de ser tan obstinado le había traído satisfacciones y logros en la vida pero también fracasos y problemas.
Sentada, viendo a través de su ventana en dirección al parque, con una taza de café en una mano y un cigarro en la otra esperaba que el teléfono sonara y saber algo de Carlo pues ese día se cumplían seis de no saber absolutamente nada de él.
¡Una maldita cadena! No era una mujer, ni siquiera el trabajo, era una maldita cadena de oro la que los estaba separando, esa era la idea que pasaba por la mente de Camile una y otra vez.
Las ocho, nueve, diez de la noche. De igual manera pasó el medio día y la tarde sin tener el menor indicio de vida por parte de Carlo. La soledad se impregnaba en cada rincón, en cada fisura del departamento, que lejanos le parecían aquellos días en que ambos pasaban las tardes observando alguna película clásica o simplemente tomando un buen café caliente en la terraza disfrutando del ocaso.
Cerca de las 12:00 AM un sobresalto la levantó de la cama producto de los fuertes golpes que provenían de la puerta, era Carlo quien estaba muy sofocado. “Por fin la conseguí.” Le dijo muy agitado y con un extraño brillo en los ojos, un brillo de maldad que nunca le había visto y que le asustó. Lo pasó al interior y ambos se sentaron en el comedor, Camile le ofreció algo de tomar y le pidió un whisky mismo que bebió como si no hubiese tomado algo en varios días.
Se descubrió el pecho y sobre el descansaba la hermosa cadena, Camile la observó detenidamente y cuando intentó tocarla Carlo inmediatamente se abrochó la camisa, sin decir nada ambos se fueron a dormir.
Pasaron cuatro días en los que Camile notó a Carlo más raro aún de lo que ya estaba, lo notaba de algún modo más viejo, más delgado y no sólo del cuerpo sino del espíritu y del alma también. Era como dormir con un fantasma.
Alarmada y preocupada Camile fue a la tienda de antigüedades, ahí le preguntó al anticuario acerca de la cadena y este con la misma indiferencia y frialdad de siempre le contó que esa cadenilla era la cadena de Varak, un nigromante diabólico de la edad media, esa antigua reliquia mágica fue concebida con el único fin maligno de secar la vida de quien la portara excepto su creador y después cuando este la usara absorbería la misma. Camile se llevó la mano izquierda a la boca una vez que escuchó esto.
-lo mismo que te acabo de decir, se lo dije a él cuando vino y me amenazo con un arma para que le diera la cadena. –le dijo el anticuario y abrió su periódico. Sin más demora salió de aquel lugar.
Corrió a través de ríos de gente, recorrió avenidas largas hasta internarse en el subterráneo de la ciudad y abordar uno de los vagones intermedios en donde empezó a sentir una fuerte opresión que le recorría desde el estomago hasta el pecho y le dificultaba el paso del aire. Cuando salió se apresuró hasta llegar a la entrada del edificio, subió rápida y a la vez torpemente las escaleras, víctima de los nervios y la ansiedad por llegar. Sacó las llaves de su bolso, se le cayeron, las levantó y abrió la puerta, entró gritando ¡Carlo, Carlo! Y no obtuvo respuesta, se dirigió a la habitación y ahí sobre la cama encontró un montón de cenizas esparcidas a lo largo y ancho de esta y en el medio la cadena que lucía resplandeciente y hermosa como aquella tarde de otoño.
LA CADENA DE VARAK
Rafael Méndez Pérez
Derechos Reservados
Esa tarde nublada, de árboles secos y hojas regadas por el suelo Carlo entró en la tienda de antigüedades, no buscaba nada en especial era sólo la simple curiosidad que surge al ver objetos extraños en el aparador como una figurilla hindú de cuatro brazos, un jarrón decorado con miles de colores o un mandoble de la edad media. Detrás del mostrador un par de manos rugosas de piel muy delgada sujetaban un periódico, los anteojos se movían en un cadencioso ir y venir de izquierda a derecha, la calva brillosa del anticuario de 68 años relucía gracias al reflejo de la luz del sol que se colaba por una ventana. Al cruzar el portal una campana sonó, el anticuario alzó la mirada para echar un vistazo y después siguió con lo suyo, Carlo por su parte observaba con detenimiento las cosas que estaban sobre los estantes, un ángel de porcelana, una cruz de madera con un Cristo de plata, un reloj cucú con un par de muñequitos que simulaban ser montañeses que golpeaban una campana y que le recordaba aquel que colgaba de una de las paredes de la casa de su abuela en donde pasó tan felices momentos de su infancia bebiendo chocolate caliente y escuchando las proezas del abuelo.
Las páginas eran cambiadas cada cinco minutos, con ese peculiar sonido que produce el papel al ser sujetado por los dedos, la respiración profunda del sexagenario era el otro ruido reinante.
La cita que Carlo tenía pactada con su amada Camile era hasta las 5:30 PM así que aun le quedaban 20 minutos para terminar de ver los objetos que se encontraban al fondo del local. ¡Una espada templaria! Pasó por su mente al verla sujetada en la pared, era obviamente una replica, pero eso si muy fiel al original. “Si lo sabré yo que soy un gran seguidor del Santo Grial y todo lo que lo rodea” se dijo Carlo interiormente.
Miró su reloj y sólo faltaban cinco minutos así que se enfiló hacía la entrada. Únicamente dio dos pasos y se detuvo ¿la razón? El brillo resplandeciente que provenía de una pequeña caja de cristal, se acercó y pudo percatarse de que en el interior descansaba una cadena muy delgada y fina que tenía un pequeño diamante cada cinco eslabones, quedó maravillado ante tal belleza solamente comparable con aquella vasija bizantina que encontró en un pequeño bazar ubicado en el barrio parisino de St. Germain cuando estuvo en Europa estudiando historia del arte en la Universidad de Salamanca, España.
Tomó la cajita entre sus manos, se dirigió al mostrador y la colocó sobre el periódico, el anticuario levanto la mirada indiferente.
-¿cuál es el precio? –preguntó ansioso.
-no esta en venta. –respondió el anticuario sin siquiera verlo.
-entonces porque está aquí? –preguntó molesto.
-olvide quitarla de ese lugar. –respondió el anticuario otra vez sin ver a Carlo.
Dio un fuerte golpe en el mostrador y salió del local furioso y frustrado, cruzó la avenida y entró en el Café Marsella, ahí sentada en la mesa de siempre esperaba Camile a su amado Carlo quién se sentó y no pronunció ni una palabra, no hizo falta, su mujer sabía perfectamente gracias a los años de estar a su lado y vivir un sin fin de experiencias que estaba molesto. Ninguno habló en cerca de veinte minutos y la incomodidad que produce ese silencio pesado como una loza comenzaba a impacientar a Camile quien jugueteaba con la cuchara, habían pasado cinco tazas de café.
“Pero he de obtenerla aunque tenga que robarla.” Dijo Carlo y miró a través de la ventana en dirección a la tienda de antigüedades, Camile le preguntó de qué hablaba y este le contó lo sucedido.
No podía contrariarle, ni tratar de persuadirlo de no hacerlo pues sabía que cuando a Carlo se le metía algo en la cabeza era muy difícil que hiciera caso e incluso podría ponerse algo violento, esa manera de ser tan obstinado le había traído satisfacciones y logros en la vida pero también fracasos y problemas.
Sentada, viendo a través de su ventana en dirección al parque, con una taza de café en una mano y un cigarro en la otra esperaba que el teléfono sonara y saber algo de Carlo pues ese día se cumplían seis de no saber absolutamente nada de él.
¡Una maldita cadena! No era una mujer, ni siquiera el trabajo, era una maldita cadena de oro la que los estaba separando, esa era la idea que pasaba por la mente de Camile una y otra vez.
Las ocho, nueve, diez de la noche. De igual manera pasó el medio día y la tarde sin tener el menor indicio de vida por parte de Carlo. La soledad se impregnaba en cada rincón, en cada fisura del departamento, que lejanos le parecían aquellos días en que ambos pasaban las tardes observando alguna película clásica o simplemente tomando un buen café caliente en la terraza disfrutando del ocaso.
Cerca de las 12:00 AM un sobresalto la levantó de la cama producto de los fuertes golpes que provenían de la puerta, era Carlo quien estaba muy sofocado. “Por fin la conseguí.” Le dijo muy agitado y con un extraño brillo en los ojos, un brillo de maldad que nunca le había visto y que le asustó. Lo pasó al interior y ambos se sentaron en el comedor, Camile le ofreció algo de tomar y le pidió un whisky mismo que bebió como si no hubiese tomado algo en varios días.
Se descubrió el pecho y sobre el descansaba la hermosa cadena, Camile la observó detenidamente y cuando intentó tocarla Carlo inmediatamente se abrochó la camisa, sin decir nada ambos se fueron a dormir.
Pasaron cuatro días en los que Camile notó a Carlo más raro aún de lo que ya estaba, lo notaba de algún modo más viejo, más delgado y no sólo del cuerpo sino del espíritu y del alma también. Era como dormir con un fantasma.
Alarmada y preocupada Camile fue a la tienda de antigüedades, ahí le preguntó al anticuario acerca de la cadena y este con la misma indiferencia y frialdad de siempre le contó que esa cadenilla era la cadena de Varak, un nigromante diabólico de la edad media, esa antigua reliquia mágica fue concebida con el único fin maligno de secar la vida de quien la portara excepto su creador y después cuando este la usara absorbería la misma. Camile se llevó la mano izquierda a la boca una vez que escuchó esto.
-lo mismo que te acabo de decir, se lo dije a él cuando vino y me amenazo con un arma para que le diera la cadena. –le dijo el anticuario y abrió su periódico. Sin más demora salió de aquel lugar.
Corrió a través de ríos de gente, recorrió avenidas largas hasta internarse en el subterráneo de la ciudad y abordar uno de los vagones intermedios en donde empezó a sentir una fuerte opresión que le recorría desde el estomago hasta el pecho y le dificultaba el paso del aire. Cuando salió se apresuró hasta llegar a la entrada del edificio, subió rápida y a la vez torpemente las escaleras, víctima de los nervios y la ansiedad por llegar. Sacó las llaves de su bolso, se le cayeron, las levantó y abrió la puerta, entró gritando ¡Carlo, Carlo! Y no obtuvo respuesta, se dirigió a la habitación y ahí sobre la cama encontró un montón de cenizas esparcidas a lo largo y ancho de esta y en el medio la cadena que lucía resplandeciente y hermosa como aquella tarde de otoño.
jueves, 3 de diciembre de 2009
No hay 5to Malo
5
Sí, mi cara no podía ser otra, la luz que había en ella se percibía a muchos metros de distancia, mis queridas amigas sonrieron cuando me vieron al otro día pues mi felicidad era imposible de ocultar y además nunca he sido buena para fingir. Maria me estrechó tan fuerte que sentí la falta de aire, Ana me regalo la sincera alegría que su rostro esbozaba.
No entramos a las dos primeras clases, no quisieron esperar a la hora libre que teníamos y quisieron saber cuanto antes todos los detalles de mi encuentro del día anterior. La cafetería estaba a reventar y no quedo de otra que ir al sanborns más cercano.
Todos los detalles los relaté y no las dejé con duda alguna, a cada palabra que decía mi mente recreaba todo y sentía como si lo viviera en ese mismo instante, mi cuerpo vibraba y Ana y Maria sonreían junto conmigo.
Para cuando regresamos a la Universidad solo faltaba una clase que igual no tomamos, esperamos a que terminara y entramos por nuestras cosas, todas nos despedimos en el estacionamiento y cada quien tomó su camino, yo me dirigí a la entrada para tomar un taxi, y ahí recargado junto a su coche me esperaba Leonardo.
-Contigo las sorpresas no terminan. –le dije y después lo besé.
Me estrechó fuertemente mientras yo me embriagaba con el aroma de su fragancia, me miró a los ojos y nuevamente me besó, agradecí a Dios, a la vida y al destino por eso que vivía.
Subimos a su coche y fuimos a comer a un restaurante italiano de la zona rosa, y las horas eran segundos, podía estar frente a él y nada más importaba, solo nosotros. Al terminar me llevó a un parque en donde caminamos y nos sentamos a mirar el ocaso.
Llegamos a las diez de la noche a mi casa, no podía contener más mi felicidad así que invité a Leonardo a pasar, mis padres cenaban y al vernos entrar nos invitaron a sentarnos con ellos, la mirada de mi madre me dio la confianza de presentárselos como mi novio, ambos quedaron sin habla por unos segundos y fue mi padre quien rompió el silencio con un bueno pues bienvenido, Leonardo se sintió en confianza y estrechó su mano, después saludó con un beso en la mejilla a mi madre.
Se ganó a mis padres de inmediato con su platica y a cada uno por separado, mi mamá quedó fascinada con todas las historias que le contó acerca de su ciudad natal y la comida que preparaban su madre y su abuela, mi papá en cambio quedó prendado sobre la charla de autos que tuvieron. Fueron dos horas las que estuvo en mi casa y todo salió de maravilla, todo era un sueño.
Las once marcó el antiguo reloj de pared, herencia de mis abuelos paternos, y Leonardo se puso de pie despidiéndose como siempre galante y gallardo. Se acecó hasta mi madre y delicadamente tomó su mano y la beso como un caballero de inicios del siglo pasado coronando el acto con una reverencia, estrecho la mano de mi padre con firmeza y lo que bien comenzo terminó mejor. Lo acompañé hasta la entrada, la noche era perfecta, templada y estrellada, como si el universo conspirara para eternizar aquel momento.
-Leonardo gracias, ha sido una noche mágica. -le dije sin mirarlo.
-En todo caso gracias al destino y a ti por cruzarte en mi camino.
Fue lo último que le escuche decir, me perdí en ese beso largo y profundo que medio, sabia a verdad a esperanza e ilusión, sus brazos me envolvían y yo me entregaba a aquel instante lleno de dulzura que no quería que terminara. Delicadamente me soltó y lo vi alejarse hasta su coche y sumergirse en la noche, me sentí como aquellas doncellas que veían partir a su caballero andante y esperar con fervor su regreso.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
De Vuelta
Bueno después de un mes he vuelto y la única excusa a tan prolongada ausencia es que sinceramente no me apetecia hacer nada y no por falta de interés fue simplemente que me dedique a otras cuestiones que había dejado pendientes pero bueno estamos de vuelta y quiero hacer algo diferente esta vez y dar paso a la poesía así que pondré algo de lo que he escrito en este ramo.
La Herencia
Mis mas bellos recuerdos guárdalos para ti
Todas mis tristezas quémalas
Y esparce sus cenizas al mar cuando llegué el ocaso
Los dolores del alma ponlos en un frasco,
Espera a estar desconsolada
Y arrójalos al vacío de una noche sin luna
Los últimos latidos de mi corazón úsalos
Y dale cuerda a ese viejo reloj que tienes,
Vuelve en el tiempo y encuentra tu amor perdido.
Por último compra un flor,
Una que iguale tu belleza
Riégala de noche y de día
Riégala con lo último de mis lagrimas.
La Herencia
Mis mas bellos recuerdos guárdalos para ti
Todas mis tristezas quémalas
Y esparce sus cenizas al mar cuando llegué el ocaso
Los dolores del alma ponlos en un frasco,
Espera a estar desconsolada
Y arrójalos al vacío de una noche sin luna
Los últimos latidos de mi corazón úsalos
Y dale cuerda a ese viejo reloj que tienes,
Vuelve en el tiempo y encuentra tu amor perdido.
Por último compra un flor,
Una que iguale tu belleza
Riégala de noche y de día
Riégala con lo último de mis lagrimas.
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