miércoles, 7 de octubre de 2009

El siguiente

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El tercer semestre comenzó con cambios en la universidad, algunos maestros ya no estaban, el rector era otro así como las bajas de compañeros de la carrera. Mis amigas habían encontrado trabajo y sus relaciones cada vez eran más sólidas, en especial la de Ana quien ya salía de viaje con el novio y la familia de este, Maria por su parte afirmaba que comenzaba a pensar seriamente en algo formal con su pareja de aquel momento.

Por mi parte tenía dos semanas de salir con Leonardo, un empleado de la embajada italiana y que conocí gracias al profesor Francesco quien lo llevó a una de las exposiciones que organicé en el museo.

He de admitir que Leonardo me atrajo desde el primer momento, su porte de actor de los años cincuentas acompañado de su personalidad sencilla pero que te envolvía cuando lo escuchabas platicar sobre la gran cantidad de culturas con las que había tenido contacto en los muchos viajes que había realizado a sus 28 años terminaron por cautivarme, quizás Francesco sabía que eso me gustaría y por eso me lo presentó, se lo agradecí con una botella de coñac que mi padre había traído de Francia y de la que nunca se había tomado copa.

Nuestra primera cita fue al festival de cine italiano que organizaba la embajada, muchas de las películas que exhibían ya las había visto pero gustosa las volví a ver pues no podía negarme a excelentes filmes como La vida es bella, Sostiene Pereyra, Nunca te vayas sin decir te quiero o El cartero. Leonardo fue todo un caballero, me presentó con sus amigos, jefes e incluso con el embajador, me prestaba atención todo el tiempo y se desvivía porque yo lo pasara bien.

Mis amigas tuvieron opiniones diferentes cuando se enteraron, Maria por su parte me felicitaba a cada minuto, me pedía detalles de todo y quería escuchar una y otra vez la descripción de Leonardo y yo se lo detallaba muy parecido a Ewan Mcgregor pues en verdad se parecía mucho.

Ana en cambio me pedía mesura, no quería que me entusiasmara mucho pues apenas había sido la primera cita y debía llevar las cosas con calma.


-No digo que esté mal, te quiero mucho amiga y no me gustaría que pasaras un mal rato. –me estrechó fuerte y me regaló una sonrisa.


-Venga yo creo que está bien que se ilusioné, después de todo ya ha pasado bastante tiempo sin novio como para que la desanimemos. –dijo Maria con un tono fresco.

Yo valoraba ambos juicios pues los dos expresaban buenos deseos, eran sinceros y no buscaban otra cosa que mi bienestar como siempre lo hicieron mis amigas, mis hermanas.

Las siguientes citas ocurrieron bajo una atmósfera desbordada de romance y que sólo alguien lleno de sensibilidad, pero sobre todo de sorpresas, como él podían regalar, todas fueron de mi agrado pero hubo una que me gusto más que las otras pues me cumplió un sueño y que yo jamás pensé que habría de vivir.

Fue una cena, Leonardo me había llamado a mi celular para pedirme un favor al cual accedí sin dudar, me dijo que se encontraba en una comida con unos empresarios italianos y que necesitaba recoger unos documentos muy importantes, prometí ir por ellos una vez que saliera de la universidad y terminara unos pendientes que tenía en el museo, me dio la dirección y nos despedimos. El domicilio correspondía a una casona muy vieja ubicada en el centro de Coyoacan y que estaba en perfectas condiciones.

Al llegar y tocar a la puerta me sentí atrapada por una extraña sensación, imaginaba que estaba en tiempos de la colonia y que aquella casa pertenecía a algún noble que ofrecía un banquete al cual yo había sido invitada, el anciano que fungía como vigilante me sacó de mis pensamientos preguntándome que deseaba, le dije que iba de parte de Leonardo Scorza e inmediatamente me invitó a pasar. Caminamos a través de un pasillo de cantera roja, las paredes eran de roca sólida y el techo abovedado sostenía un par de candelabros españoles que mostraban el paso del tiempo, me dijo que pasara al otro extremo de la propiedad y que en el edificio de enfrente me darían lo que buscaba, cruce la enorme estancia y salí a un andador lleno de grandes macetas que conducía a un jardín, el cielo estaba lleno de estrellas y el lugar sumergido en tinieblas, voltee para buscar al señor y decirle que no veía nada pero ya no estaba. Guiándome a través de la pared caminé unos cuantos pasos, la rugosidad del piso y mis tacones no me ayudaban mucho, traté de agudizar mi vista pero era inútil, a lo lejos me pareció que una luz se escapaba de una ventana, pensé que quizás era ahí a donde tenía que dirigirme así que me encamine en esa dirección y baje el par de escalones que dividían al corredor del vasto jardín.

Avanzaba con dificultad debido al pasto y a que mis tacones se enterraban en el, sopló un viento frío que me erizo el cuerpo, la situación me incomodaba y pensé que lo mejor sería ir en busca del señor para pedirle que encendiera las luces, me di la vuelta y justo cuando emprendía el regreso todo se iluminó, desconcertada giré en dirección opuesta y me encontré de frente con Leonardo que sonreía, a su lado una mesa con velas y una botella de vino. He de haber tenido una cara de risa porque Leonardo se acercó a mi riendo mientras yo no salía de mi asombro, gentilmente me condujo hasta la mesa y invitó a sentarme, levantó la mano y de una de las habitaciones del fondo salieron tres hombre que tocaban un par de violines y un violonchelo.

Yo no terminaba de salir de mi asombro, todo aquello parecía sacado de algún libro o alguna película, sentí ganas de llorar porque ese era una de mis fantasías, poder tener una cena romántica en algún sitio lleno de historia, nadie sabía de ella, yo la había guardado para mí y un chico al que tenia solo tres semanas de conocer me la cumplía, eso realmente me impactó y termine por sucumbir ante los encantos de Leonardo Scorza.

La cena fue deliciosa, degustamos una rica pasta, un delicioso salmón mediterráneo, todo acompaño de un exquisito vino francés. La atmósfera embriagaba mis sentidos mas que el tinto, las estrellas ardían en lo alto como queriendo estallar, el ambiente era cálido, era la noche perfecta y yo me perdía en la mirada de mi pretendiente que me observaba como si fuera lo único existente en la tierra, agradecí la atención con una sonrisa y puse mi mano sobre la suya. Si, estaba enamorada por completo, Leonardo se acercó a mí y me besó tiernamente, la música sonaba melódica pero eso no importaba pues el amor se desbocaba en mi sangre como no sucedía en mucho tiempo.

No recuerdo cuantas horas pasaron pero para mí fueron segundos. No hubo muchas palabras, quizás algunos te quiero, pero no había necesidad de decir algo porque nuestras miradas y gestos lo decían todo incluso nuestro silencio. Leonardo se sentó junto a mí y yo me acurruqué en su pecho, me sentía protegida y segura, su cuerpo me brindaba el calor que hacía mucho tiempo no tenía. Tres años habían pasado desde la última vez y ahora volvía a tener alguien a mi lado, en esos instantes mi mente volaba al futuro y se imaginaba todo lo que habría de vivir de ahora en adelante, las risas que estarían por venir, los sueños placenteros que habría de tener, todo absolutamente todo, era tal la felicidad que desgraciadamente me olvidé del destino, me olvidé de la vida, me perdí y no recordé que a veces ellos se inmiscuyen y deciden otra cosa.

viernes, 2 de octubre de 2009

Capitulo 3

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Así pasaba mi vida durante el primer año de la universidad y fuera de ella todo sucedía con normalidad, en casa mis padres se habían dedicado a viajar y disfrutar de las pensiones que mi padre recibía por su jubilación, ellos sabían de mi amor por el arte y la historia y siempre me traían obsequios de los lugares que visitaban pero creo que el regalo que más me gustó fue una carta de mi hermano al que visitaron en una ocasión, lo extrañaba realmente aunque casi no lo demostrase y cada que hablábamos por teléfono me la pasaba realmente bien escuchando como era su vida en aquel país y al terminar nuestras charlas la mayoría de las veces una par de lágrimas asomaban por mis ojos.

Nunca dejaba que el tedio me embistiera y cuando mis amigas no podían hacer algo conmigo debido a los compromisos sentimentales que habían adquirido yo optaba por dar paseos por mi cuenta, recorría las calles y el centro de coyoacan empapándome de su historia y de su atmósfera colonial, por lo general me gustaba ir entre semana pues los sabados y domingos era y es hasta la fecha imposible caminar con toda la gente que anda por ahí además de los ambulantes que ocupan todo alrededor. Me refugiaba en la casa de Frida Kahlo y a veces me aventuraba hasta la de Trotsky. Hallaba placer descansando bajo la sombra de alguna jacaranda disfrutando de un buen libro y delicioso café, el tiempo se me escurría y cuando me percataba de la hora el ocaso ya estaba en lo alto.

La otra zona que acostumbraba visitar era la condesa, me zambullía en su ambiente cosmopolita con todos los turistas que transitaban por sus calles llenas de casas que sin duda alguna habían visto tiempos mejores, la infinidad de cafeterías y bares que se sitúan en sus amplias banquetas que ceden ante la fuerza de las raíces de los árboles que han sido fieles testigos del pasar de las décadas llenas de relatos.


Todo cuanto observaba a mi alrededor me calmaba, los ancianos caminando junto a sus mascotas, las parejas tomadas de la mano y perdiéndose en los ojos del otro y cada veía una escena de estas recordaba cuanto tiempo llevaba sola, sin nadie a mi lado que me estrechara contra su pecho y que me besara la frente. Habían sido tres años desde mi última decepción, el dolor me había dejado secuelas como la desconfianza y me había costado mucho entablar una relación con alguien por el claro miedo a que volviera a sufrir lo mismo. No todos mis pretendientes eran como Gustavo, había algunos que de verdad eran bien parecidos y yo lo sabía, mis amigas se molestaban en ciertas ocasiones ante mis constantes negativas y sólo me decían una y otra vez que no todos los hombres eran iguales y que debía darme una nueva oportunidad.

Los motivos por los cuales termina una relación no pueden ser buenos pero hay algunos que son peores que otros, para mí el peor siempre ha sido la infidelidad, mas aún cuando la descubres por ti misma y no por chismes o rumores. Eduardo fue quien había golpeado mi orgullo y mi estima destrozando la imagen que tenía de compañero fiel, fue muy duro encontrarlo desnudo en la cama de su departamento con una mujer a la que había conocido por Internet. La depresión tardó ocho meses en irse y comencé a tener vida de nuevo, salía con mis amigos, realizaba actividades con mi familia y todo volvía a la normalidad.

Si, era el tiempo de darle una nueva oportunidad al amor, mi cabeza y el corazón me lo decían, esas imágenes que veía por las calles me invitaban a ello y cada vez me convencían más, sentí ánimos y una renovación en el espíritu.

Dejé que el primer año de la universidad terminara así, sola, aunque no me negaba a conocer personas, salía de vez en cuando con los chicos que me invitaban a un café, al cine o a tomar un trago y siempre lo hacía con la disposición de encontrar a alguien, de hallar alguna similitud o algo que tuviera en común con mi cita en turno pero hasta ese momento no lo había encontrado, pero no me desanimaba, mis hermanas me daban ánimos y contribuían con sus consejos para una “sabia” elección como decía Maria.

Deseaba encontrar algún trabajo que me permitiera realizar lo que me gustaba, así estaría en contacto con la historia o el arte sin descuidar la escuela además de ganar un dinero extra. Y fui en busca de los maestros que me habían brindado su amistad para pedirles ayuda para conseguir algún empleo de mi agrado, Francesco Lombardi un profesor de historia del arte consiguió que me aceptaran en el museo de Antropología como asistente del subdirector, se trataba de mi primer empleo y en un lugar donde me sentiría como pez en el agua. Siendo recomendada el sueldo era bueno, gozaba de ciertos privilegios como llegar una hora más tarde e irme una mas temprano, invitaciones a cenas importantes donde casi siempre coincidía con el maestro Pascal quien siempre que me veía me saludaba con gusto y platicaba sobre nuevos hallazgos en lugares lejanos o exposiciones en los museos más importantes del mundo como el Louvre, el museo Del Prado e incluso hasta el de Historia natural de Nueva Cork, era un buen hombre, viudo, padre y abuelo, murió el año pasado acompañado de toda su familia en su natal Italia.

El mundo seguía girando y yo con él, la gente enloquecía cada vez más, ya no quedaba ningún rastro de inocencia salvo el que se puede ver en los ojos de los niños y ello me hace agradecer que mi pequeño, quien apenas empieza a caminar, viva en una nación alejada de la guerra pues por aquel entonces la tierra era testigo a través de la televisión de los ataques terroristas más escalofriantes que se hubiesen presenciado, un par de aviones llenos de inocentes estrellándose contra el símbolo del poder económico de Estados Unidos, meses después las represalias contra los responsables hacían pagar a mas gente inocente incluidos niños que quizás no alcanzaban a comprender ¿Por qué? Mi hijo…es el más grande regalo que ha dado la vida y no puedo evitar las lágrimas cuando veo todos los horrores que hay en la guerra, mi mente suele divagar a menudo y a veces se pregunta por las atrocidades que no vemos y que suceden a diario en esos países atormentados.

Dichos acontecimientos bélicos afectaron a todo el mundo inclusive al museo ya que retrasaron la llegada de algunas exposiciones importantes, las personalidades que venían a dar conferencias cancelaban por miedo o quizás por seguridad y había que hacer algo por lo que me fue asignada la tarea de organizar concursos de fotografía en blanco y negro, algunas exposiciones de artistas noveles y otras actividades culturales mientras los contratiempos y aplazamientos se superaban.

Comencé organizando el concurso de fotografía, solicité una persona para que me ayudara con todo y me asignaron a una chica que estudiaba Derecho en la UNAM y que realizaba su servicio social en el museo, nunca encontré la relación de su carrera y un museo, en fin, comenzamos por visitar diferentes universidades para colocar carteles informativos, la respuesta fue buena a excepción de mi universidad, siempre la consideré cuna de apáticos, Maria y Ana fueron las únicas que participaron y creo que los dos motivos fueron válidos, el primero por solidaridad conmigo y el segundo por el premio de 10 mil pesos mas una beca para estudiar fotografía en Canadá.

Lo siguiente que coordiné fueron las exposiciones, le pedí ayuda a Francesco para seleccionar a los artistas que habrían de exponer sus obras en el museo y he de reconocer que sin su asesoría difícilmente hubiera podido llevar a cabo tal evento y que este a su vez se convirtiera en el éxito que fue pues gracias a esas muestras algunos embajadores europeos que asistieron se interesaron en llevar las creaciones de los pintores y escultores involucrados a sus países. Recibí muchas felicitaciones por parte de mis jefes y eso me lleno de mucho orgullo, era la primera vez que realizaba una tarea de tal magnitud y salía bien, Diana mi asistente también recibió halagos tanto de mi parte como de los directores, pude notar la satisfacción en su rostro.