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Así pasaba mi vida durante el primer año de la universidad y fuera de ella todo sucedía con normalidad, en casa mis padres se habían dedicado a viajar y disfrutar de las pensiones que mi padre recibía por su jubilación, ellos sabían de mi amor por el arte y la historia y siempre me traían obsequios de los lugares que visitaban pero creo que el regalo que más me gustó fue una carta de mi hermano al que visitaron en una ocasión, lo extrañaba realmente aunque casi no lo demostrase y cada que hablábamos por teléfono me la pasaba realmente bien escuchando como era su vida en aquel país y al terminar nuestras charlas la mayoría de las veces una par de lágrimas asomaban por mis ojos.
Nunca dejaba que el tedio me embistiera y cuando mis amigas no podían hacer algo conmigo debido a los compromisos sentimentales que habían adquirido yo optaba por dar paseos por mi cuenta, recorría las calles y el centro de coyoacan empapándome de su historia y de su atmósfera colonial, por lo general me gustaba ir entre semana pues los sabados y domingos era y es hasta la fecha imposible caminar con toda la gente que anda por ahí además de los ambulantes que ocupan todo alrededor. Me refugiaba en la casa de Frida Kahlo y a veces me aventuraba hasta la de Trotsky. Hallaba placer descansando bajo la sombra de alguna jacaranda disfrutando de un buen libro y delicioso café, el tiempo se me escurría y cuando me percataba de la hora el ocaso ya estaba en lo alto.
La otra zona que acostumbraba visitar era la condesa, me zambullía en su ambiente cosmopolita con todos los turistas que transitaban por sus calles llenas de casas que sin duda alguna habían visto tiempos mejores, la infinidad de cafeterías y bares que se sitúan en sus amplias banquetas que ceden ante la fuerza de las raíces de los árboles que han sido fieles testigos del pasar de las décadas llenas de relatos.
Todo cuanto observaba a mi alrededor me calmaba, los ancianos caminando junto a sus mascotas, las parejas tomadas de la mano y perdiéndose en los ojos del otro y cada veía una escena de estas recordaba cuanto tiempo llevaba sola, sin nadie a mi lado que me estrechara contra su pecho y que me besara la frente. Habían sido tres años desde mi última decepción, el dolor me había dejado secuelas como la desconfianza y me había costado mucho entablar una relación con alguien por el claro miedo a que volviera a sufrir lo mismo. No todos mis pretendientes eran como Gustavo, había algunos que de verdad eran bien parecidos y yo lo sabía, mis amigas se molestaban en ciertas ocasiones ante mis constantes negativas y sólo me decían una y otra vez que no todos los hombres eran iguales y que debía darme una nueva oportunidad.
Los motivos por los cuales termina una relación no pueden ser buenos pero hay algunos que son peores que otros, para mí el peor siempre ha sido la infidelidad, mas aún cuando la descubres por ti misma y no por chismes o rumores. Eduardo fue quien había golpeado mi orgullo y mi estima destrozando la imagen que tenía de compañero fiel, fue muy duro encontrarlo desnudo en la cama de su departamento con una mujer a la que había conocido por Internet. La depresión tardó ocho meses en irse y comencé a tener vida de nuevo, salía con mis amigos, realizaba actividades con mi familia y todo volvía a la normalidad.
Si, era el tiempo de darle una nueva oportunidad al amor, mi cabeza y el corazón me lo decían, esas imágenes que veía por las calles me invitaban a ello y cada vez me convencían más, sentí ánimos y una renovación en el espíritu.
Dejé que el primer año de la universidad terminara así, sola, aunque no me negaba a conocer personas, salía de vez en cuando con los chicos que me invitaban a un café, al cine o a tomar un trago y siempre lo hacía con la disposición de encontrar a alguien, de hallar alguna similitud o algo que tuviera en común con mi cita en turno pero hasta ese momento no lo había encontrado, pero no me desanimaba, mis hermanas me daban ánimos y contribuían con sus consejos para una “sabia” elección como decía Maria.
Deseaba encontrar algún trabajo que me permitiera realizar lo que me gustaba, así estaría en contacto con la historia o el arte sin descuidar la escuela además de ganar un dinero extra. Y fui en busca de los maestros que me habían brindado su amistad para pedirles ayuda para conseguir algún empleo de mi agrado, Francesco Lombardi un profesor de historia del arte consiguió que me aceptaran en el museo de Antropología como asistente del subdirector, se trataba de mi primer empleo y en un lugar donde me sentiría como pez en el agua. Siendo recomendada el sueldo era bueno, gozaba de ciertos privilegios como llegar una hora más tarde e irme una mas temprano, invitaciones a cenas importantes donde casi siempre coincidía con el maestro Pascal quien siempre que me veía me saludaba con gusto y platicaba sobre nuevos hallazgos en lugares lejanos o exposiciones en los museos más importantes del mundo como el Louvre, el museo Del Prado e incluso hasta el de Historia natural de Nueva Cork, era un buen hombre, viudo, padre y abuelo, murió el año pasado acompañado de toda su familia en su natal Italia.
El mundo seguía girando y yo con él, la gente enloquecía cada vez más, ya no quedaba ningún rastro de inocencia salvo el que se puede ver en los ojos de los niños y ello me hace agradecer que mi pequeño, quien apenas empieza a caminar, viva en una nación alejada de la guerra pues por aquel entonces la tierra era testigo a través de la televisión de los ataques terroristas más escalofriantes que se hubiesen presenciado, un par de aviones llenos de inocentes estrellándose contra el símbolo del poder económico de Estados Unidos, meses después las represalias contra los responsables hacían pagar a mas gente inocente incluidos niños que quizás no alcanzaban a comprender ¿Por qué? Mi hijo…es el más grande regalo que ha dado la vida y no puedo evitar las lágrimas cuando veo todos los horrores que hay en la guerra, mi mente suele divagar a menudo y a veces se pregunta por las atrocidades que no vemos y que suceden a diario en esos países atormentados.
Dichos acontecimientos bélicos afectaron a todo el mundo inclusive al museo ya que retrasaron la llegada de algunas exposiciones importantes, las personalidades que venían a dar conferencias cancelaban por miedo o quizás por seguridad y había que hacer algo por lo que me fue asignada la tarea de organizar concursos de fotografía en blanco y negro, algunas exposiciones de artistas noveles y otras actividades culturales mientras los contratiempos y aplazamientos se superaban.
Comencé organizando el concurso de fotografía, solicité una persona para que me ayudara con todo y me asignaron a una chica que estudiaba Derecho en la UNAM y que realizaba su servicio social en el museo, nunca encontré la relación de su carrera y un museo, en fin, comenzamos por visitar diferentes universidades para colocar carteles informativos, la respuesta fue buena a excepción de mi universidad, siempre la consideré cuna de apáticos, Maria y Ana fueron las únicas que participaron y creo que los dos motivos fueron válidos, el primero por solidaridad conmigo y el segundo por el premio de 10 mil pesos mas una beca para estudiar fotografía en Canadá.
Lo siguiente que coordiné fueron las exposiciones, le pedí ayuda a Francesco para seleccionar a los artistas que habrían de exponer sus obras en el museo y he de reconocer que sin su asesoría difícilmente hubiera podido llevar a cabo tal evento y que este a su vez se convirtiera en el éxito que fue pues gracias a esas muestras algunos embajadores europeos que asistieron se interesaron en llevar las creaciones de los pintores y escultores involucrados a sus países. Recibí muchas felicitaciones por parte de mis jefes y eso me lleno de mucho orgullo, era la primera vez que realizaba una tarea de tal magnitud y salía bien, Diana mi asistente también recibió halagos tanto de mi parte como de los directores, pude notar la satisfacción en su rostro.
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